Arena Sferisterio
Mozart LA FLAUTA MÁGICA
Valentina Mastrangelo, Tetiana Zhuravel, Paolo Leoci, Giovanni Sala, Guido Loconsolo, Antonio Di Matteo, Manuel Pierattelli, Marcell Bekonyi. Dirección: Daniel Cohen. Dirección escénica: Graham Vick. 12 de agosto de 2018.
 
Macerata programó la versión de Graham Vick de La flauta mágica © Arena Sferisterio / Alfredo Tabocchini 
 
Mozart escribió La flauta mágica para un teatro del extrarradio y para recuperar ese carácter popular Graham Vick decidió representarla en italiano para hacerla comprensible para el público local. A fin de acercarla aún más a los espectadores reescribió totalmente los textos hablados y puso al día la acción. Así, los tres templos misteriosos se transformaron en símbolos de los poderes financieros, tecnológicos y religiosos destinados a esclavizar a los hombres, y así los personificaron el Banco Europeo, un negocio de Apple y la basílica de San Pedro. Para profundizar en la idea hizo aparecer al Orador vestido de Steve Jobs y a Sarastro como funcionario de banco, probable en alusión a Mario Draghi, aunque físicamente el actor no lo recordara. No se trata de personajes buenos como en la versión original, sino versiones análogas de la mala Reina de la Noche, aunque a diferencia de esta saben imponer su ley sin utilizar la violencia. El recorrido iniciático de Tamino pasa así a representar la progresiva liberación de la humanidad de los poderes asentados, cuyos símbolos se derrumban al fin mientras estallan los fuegos de artificio como en una fiesta popular.
Pero había algo más: para involucrar a toda la ciudad, Vick llevó a la escena a cien habitantes de Macerata, la mitad de ellos italianos y la otra mitad inmigrantes, que asistían a lo que ocurría en escena o intervenían directamente dialogando con los personajes. También el público fue invitado a participar cantando algunas frases breves con el coro. Como siempre, las ideas de Vick resultaron interesantes y estuvieron realizadas de forma magistral sobre el escenario, pero la voluntad de mostrar a toda costa una tesis política apriorística atenuó mucho la teatralidad de la obra al eliminar tanto la diversión de la fábula como el misterio del camino iniciático. De la fábula original quedaba solo el personaje de Papageno, vestido como un pollo enorme con plumas amarillas y cresta roja. Del progreso iniciático, en cambio, no quedó apenas nada y las pruebas que Tamino debe superar fueron episodios estáticos y privados de significado, lo que no mejoró con la iniciativa de suprimir dos fragmentos del segundo acto.
Poco queda por añadir respecto de la ejecución musical, dirigida con precisión pero con excesiva seriedad por el joven Daniel Cohen. Jóvenes eran también los cantantes; Valentina Mastrangelo fue una Pamina ideal por el timbre encantador, la perfecta técnica y la gran musicalidad. La Reina de la Noche de Tetiana Zurhavel brilló en la segunda de sus arias, pero en la primera mostró un registro medio-grave de una cierta debilidad. Giovanni Sala fue un  Tamino seguro e incisivo, mientras Guido Loconsolo se encontró muy cómodo vestido con las plumas de Papageno. La voz profunda de Antonio Di Matto hizo de él un autoritario Sarastro y gustaron también Marcell Bakonyi (Orador), Paola Leoci (Papagena) y Manuel Pierattelli (Monostatos).  * Mauro MARIANI