Teatro La Fenice
Rossini IL BARBIERE DI SIVIGLIA
Francisco Brito, Omar Montanari, Chiara Amarù, Julian Kim, Mattia Denti, Giovanna Donadini, Matteo Ferrara. Dirección: Gregory Kunde. Dirección de escena: Bepi Morassi. 24 de agosto de 2018.
 
La Fenice homenajeó a Rossini en el 150º aniversario de su muerte con esta producción de Il barbiere di Siviglia © Teatro La Fenice / Manuel Silvestri 
 
Para conmemorar el 150º aniversario de la muerte de Rossini, el Teatro La Fenice de Venecia recuperó la producción de Il barbiere di Siviglia que Bepi Morassi estrenara aquí en 2002. Desde que dicho regista afrontara Il barbiere, no ha cesado de defender lo que para él representa una obra de esta altura: la síntesis absoluta de la teatralidad, que concentra su fuerza en la gestualidad de los intérpretes y cuya concepción escénica, como consecuencia, rinde homenaje a la Commedia dell’Arte y al género del musical.
El tenor argentino Francisco Brito fue un Almaviva de timbre homogéneo y agudos sobresalientes, que afrontó los numerosos escollos de la partitura con facilidad técnica y seductora sonoridad: como muestra, su exquisita interpretación de “Ecco ridente in cielo”, tanto en lo musical como en lo teatral. Julian Kim apareció con fuerza en escena, mostrando todas sus virtudes ya desde los primeros compases de “Largo al factotum”: proyección impoluta, flexibilidad rítmica, capacidad para el matiz, velocidades vertiginosas y carisma teatral. La mezzo palermitana Chiara Amarù (Rosina) resolvió pasmosamente las coloraturas de su rol, con agudos espléndidos, naturalidad en la emisión y virtuosismo interpretativo. El Bartolo de Omar Montanari ganó el aplauso del público por sus grandes dotes teatrales y su garra escénica, con momentos estelares como la escena décima del primer acto, y una expresividad de cautivador sonido. Matteo Ferrara como Fiorello y Mattia Denti como Basilio participaron activamente en el éxito del conjunto. Los ensembles de los solistas contribuyeron a agilizar la trama y aportaron momentos de diversión.
El coro fue uno de los protagonistas indiscutibles de la velada, participando activamente en el desarrollo de la acción, reproduciendo las dinámicas de forma chispeante, y aportando la comicidad inherente a la obra. Desde el podio, la batuta del también tenor Gregory Kunde logró extraer el máximo partido del lenguaje rossiniano, con ritmos contrastados y flexibles que jamás dieron tregua al aburrimiento, además de una capacidad extraordinaria para ir de los  pianissimi más intimistas a los más explosivos forti: como muestra, la espléndida participación del conjunto en la famosa “La calumnia è un venticello”, prueba sonora de fuego que la orquesta superó con sobresaliente.  * Verónica MAYNÉS