Festival de Salzburgo
Monteverdi L’INCORONAZIONE DI POPPEA
Sonya Yoncheva, Kate Lindsey, Stéphanie d’Oustrac, Carlo Vistoli, Renato Dolcini, Ana Quintans, Marcel Beekman, Dominique Visse, Lea Desandre, Alessandro Fisher. Dirección: William Christie. Dirección de escena: Jan Lauwers. Haus für Mozart, 28 de agosto de 2018.
 
Kate Lindsey (Nerone) y Sonya Yoncheva (Poppea), en Salzburgo © Festival de Salzburgo / Maarten Vanden Abeele
 
En su última ópera Monteverdi estableció un contraste evidente con sus obras anteriores, dominadas por el coro, situando a los solistas en primer término con arias expresivas y sin recitativos a su cargo. Esta nueva producción podía haber sido extraordinaria, pero careció de fuerza. La primera razón habría que buscarla en la dirección escénica del belga Jan Lauwers, que debutaba en este cometido; el escenario estaba vacío y no mostraba la acción que detalla el libreto. Los solistas esperaban la ocasión de intervenir en escena mientras los bailarines evolucionaban según la coreografía desprovista de sentido del propio Lauwers. Pero Monteverdi no es teatro bailado, sino teatro musical. El segundo motivo para esta falta de energía fue la dirección musical de William Christie, cuya orquesta Les Arts Florissants, metida casi en la escena, ofreció un sonido agradable pero poco acentuado. Christie, que se ocupaba personalmente del clave, tampoco pareció partidario de fortalecer la tensión que faltaba en el escenario, donde hizo algún efecto óptico el diseño luminotécnico de Ken Hioco.
Solo los cantantes, por tanto, con su adecuado vestuario firmado por Lemm & Barkey, podían dar cierta verosimilitud a la historia que se pretendía contar. Sonya Yoncheva volvía con esta Poppea a sus raíces artísticas y cantó con un buen equilibrio entre el fuego dramático y el respiro lírico, esforzándose por contribuir al buen resultado final con su trabajo de actriz. No parecía encontrarse en su mejor nivel Kate Lindsey, dibujando un Nerone estilísticamente correcto pero totalmente carente de vibrato en un registro agudo no siempre placentero, aunque ello podría atribuirse a la intención de hacer más agresivo el canto del emperador romano.
Carlo Vistoli, un buen contratenor, fue un Ottone de primer nivel, mientras Stéphanie d’Oustrac hizo flotar su excelente voz de mezzosoprano para una excelente Ottavia y Ana Quintans fue una vívida intérprete de Drusilla y de la Virtud. Renato Dolcini no posee una voz de bajo de calidad suficiente para Seneca, que pasó sin pena ni gloria. Marcel Beekman (Nutrice) y Dominique Visse (Arnalta) completaron adecuadamente el reparto, mostrando sus posibilidades como intérpretes.  Del resto del correcto cast cabe hacer referencia de la hermosa voz de tenor de Alessandro Fisher (Lucano, entre otros papeles) y de la muy activa Lea Desandre (Amor / Valletto). En resumen, una producción nada memorable,  pero sí a tener en cuenta.  * Gerhard OTTINGER