Arena Sferisterio
Verdi LA TRAVIATA
Salome Jicia, Mariangela Marini, Marianna Mennitti, Ivan Ayon Rivas, Luca Salsi, Lorenzo Grante, Stefano Marchisio, Giacomo Medici. Dirección: Keri-Lynn Wilson. Dirección de escena: Henning Brockhaus. 11 de agosto de 2018.
 
Salome Jicia e Iván Ayón Rivas, Violetta y Alfredo en Macerata © Arena Sferisterio / Alfredo Tabocchini 
 
Este montaje nació en Macerata en 1992 y desde entonces ha sido repuesto innumerables veces en muchos teatros europeos, americanos y asiáticos, pero solamente en el muy particular espacio escénico del Sferisterio puede apreciarse la genial concepción de Josef Svoboda, uno de los mayores escenógrafos de la segunda mitad del pasado siglo. Domina la escena un gran espejo inclinado que hace que los espectadores asistan a una doble Traviata, la de los personajes en carne y hueso y la de los personajes reflejados en el espejo. Aunque el vestuario y el escaso mobiliario podrían hacer pensar en una Traviata realista, este desdoblamiento produce una sensación de irrealidad aumentada por el hecho de que los personajes no se mueven sobre un suelo normal, sino sobre un conjunto de cuadros y fotografías del siglo XIX, que reproducen también las telas esparcidas en la escena, de modo que no se entiende qué es lo que está encima y qué es lo que está abajo, produciéndose la correspondiente desorientación. Al final, para la muerte de Violetta, el espejo recobra la verticalidad y ya no refleja a los personajes de la ópera sino a los espectadores, que se sienten así involucrados en la acción como si fuesen cómplices de aquella sociedad hipócrita que ha llevado al triste final de la protagonista. Henning Brockhaus, por su parte, cede el protagonismo debido a la escenografía y se limita a marcar una dirección escénica tradicionalmente eficaz.
Salome Jicia obtuvo sus primeros éxitos con Rossini, lo que hacía pensar que no encontraría problemas con el virtuosismo de la gran aria de Violetta en el primer acto, en la que en cambio apareció un tanto rígida. En el segundo y tercer actos su interpretación se hizo más expresiva y dramática, culminando con un “Addio, del passato” muy conmovedor. El tenor peruano Iván Ayón Rivas se hizo notar por la belleza y el calor del timbre, pero su técnica no estuvo a la altura y su Alfredo quedó así un tanto desigual. El timbre aterciopelado, la homogeneidad en todos los registros, la óptima proyección y la nobleza del fraseo hicieron de Luca Salsi un Giorgio Germont de gran clase, que en su relación con Violetta supo equilibrar perfectamente el distanciamiento de la moral burguesa y la conmoción del sentimiento humano. Han de ser señaladas las buenas prestaciones de Mariangela Marini (Flora), Lorenzo Grante (Douphol), Stefano Marchisio (D’Obigny) y Marianna Mennitti, que –probablemente a instancias del regista– hizo una Annina ácida, envidiosa y malvada.
No convenció plenamente la dirección episódica y discontinua de Keri-Lynn Wilson, con tempi ora excesivamente veloces ora demasiado lentos, permitiendo una sonoridad orquestal que más de una vez puso en dificultades a los cantantes.  * Mauro MARIANI