Teatro La Fenice
Verdi LA TRAVIATA
Lisette Oropesa, Stefan Pop, Markus Werba, Elisabetta Martorana, Sabrina Vianello, Enrico Iviglia, William Corrò, Francesco Milanese, Matteo Ferrara. Dirección: Sesto Quatrini. Dirección de escena: Robert Carsen. 25 de agosto de 2018.
 
Lisette Oropesa, Violetta en La Traviata de Venecia © Teatro La Fenice / Michele Crosera 
 
El Teatro La Fenice de Venecia repuso La Traviata que Robert Carsen realizó en 2004, entonces para reinaugurar el coliseo reconstruido tras el incendio que lo devastó una década antes. Es este un clásico presente en cada temporada que sigue triunfando entre el público de la Serenissima. La regia del canadiense arremete contra la corrupción desatada por el afán de poder, tema tristemente actual que sirve asimismo para destacar la bondad de Violetta, único personaje incorrupto de la trama. Claudia Pavone, como la protagonista, lució agudos brillantes y un bellísimo arco de fraseo, afrontando sus arias con conmovedora delicadeza expresiva y reproduciendo la evolución psicológica de su personaje con excelente progresión literaria. El Alfredo de Stefan Pop, por su parte, destacó por la naturalidad en la emisión y lo equilibrado de su registro, moviéndose con facilidad tanto en la zona aguda como en la media, y adaptándose sin problemas a los caprichos de la partitura. Markus Werba afrontó el rol de Giorgio Germont con exquisita elocuencia teatral y capacidad para matizar, aunque a su timbre le faltó oscuridad y flexibilidad para retratar a un personaje que pasa de la intransigencia al amor paterno.
Ya en los papeles comprimarios, la Flora de Elisabetta Martorana destacó por su expresividad musical y gestual. Los coros y bailes de los matadores y las zíngaras del segundo acto, siguen causando las delicias del público, recurso que sirve también para quitar dramatismo a la historia. Verdi utilizó sabiamente a los coros para aportar frescura y agilidad a una trama en ese momento muy complicada, describiendo magníficamente a la sociedad de la época en las diferentes escenas y mostrándose espléndido en las jerarquías sonoras, en el empaste y en la afinación.
Desde el podio, Sesto Quatrini reprodujo el hilo dramático de forma progresiva, logrando que el espectador captase inmediatamente la evolución de los distintos personajes, y alcanzando acongojantes momentos de tensión que constituyeron una de las bazas de su apasionada lectura. El efecto de la simbiosis entre orquesta y escena no pudo ser más explícito: hacer que el espectador se sintiera también parte de esa sociedad hipócrita que ve siempre la paja en el ojo ajeno.  * Verónica MAYNÉS