Festival de Salzburgo
Bizet LES PÊCHEURS DE PERLES
Javier Camarena, Plácido Domingo, Aida Garifullina, Stanislav Trofimov. Dirección: Riccardo Minasi.  Großes Festspielhaus, 26 de agosto de 2018.
 
Plácido Domingo, Javier Camarena y Aida Garifullina, en la version de concierto de Los pescadores de perlas en Salzburgo © Festival de Salzburgo / Marco Borrelli 
 
Plácido Domingo había cantado en sus años jóvenes la parte de Nadir de Les pêcheurs de perles de Bizet unas 50 veces y en esta última  etapa de su carrera ha decidido estudiarse el rol baritonal de Zurga de esta ópera exótica, el cual puede perfectamente corresponder al personaje 150º de los abordados en su impresionante trayectoria profesional. En este nuevo reto, el gran artista español impresionó una vez más con el frescor de su voz y la emoción de su canto. Domingo, en todo caso, canta siempre con su voz natural, que es de color tenoril, sin falsificarla, y ello supone la conjunción de dos voces de tenor en un reparto vocal que el compositor no había previsto, desapareciendo el contraste de colores. Lo que funciona espléndidamente en Thaïs con Domingo como Athanaël, por ejemplo –en la que la otra protagonista es una soprano y la intervención del tenor es menos importante–, no funcionó en esta ópera de Bizet debido a esa falta de contrastes. Ello no obstante, Plácido Domingo mostró una disposición admirable y mezcló muy bien su voz con la de Javier Camarena en el dúo del primer acto. Su aria del tercero fue una mezcla de emisión de tenor y de barítono en los momentos más dramáticos.
Camarena, uno de los mejores tenores de hoy día en el repertorio belcantístico, fue un Nadir de voz dulce, con óptimo fraseo y excelentes agudos. Fue el único que no tuvo necesidad de utilizar el atril, lo que facilitó la expresividad de su canto, en una interpretación magnífica. Aida Garifullina no fue en ningún momento capaz de emular a sus colegas masculinos: no es que estuviera mal, pero la voz evidenció algunas durezas y la belleza de su canto no resultó equiparable a su gran atractivo físico. El bajo ruso Stanislav Trofimov fue un poderoso Nourabad.
La Orquesta del Mozarteum de Salzburgo y el Coro Philharmonia de Viena tuvieron una aportación impecable y Riccardo Minasi consiguió resaltar el contenido lírico de la obra con gran eficacia.  * Gerhard OTTINGER