Bayreuther Festspiele
Wagner  DIE MEISTERSINGER VON NÜRNBERG
Michael Volle, Klaus Florian Vogt, Emily Magee, Johannes Martin Kränzle, Daniel Behle, Günther Groissböck. Dirección: Philippe Jordan. Dirección de escena: Barrie Kosky. Festspielhaus, 10 de agosto de 2018.
 
Bayreuth recuperó el montaje de Los maestros cantores de Barrie Kosky © Festival de Bayreuth / Enrico Nawrath 
 
El montaje de estos Meistersinger que se estrenó en Bayreuth en el verano del 2017 y que ya está disponible en Dvd (Deutsche Grammophon), es sencillamente soberbio. El preludio sitúa al espectador en Wahnfried, el hogar de los Wagner, donde Richard/Sachs llega por la mañana antes de recibir a sus invitados: Liszt/Pogner y a un Herrmann Levi/Beckmesser, de quien el compositor se burla cruelmente por su condición de judío. Con lúcida mala uva, Barrie Kosky sirve un espectáculo sencillamente magistral, cuidado y con una dirección de actores minuciosa y detallista. Unos Meistersinger que son en realidad un juicio a Wagner a partir de su ópera más delicada y ambivalente, por su pangermanismo tan próximo al ideario de los nazis, quienes se apropiaron de la ópera para convertirla en fácil instrumento de su propaganda asesina. Es por ello que Kosky empieza haciendo reír al espectador, aunque la sonrisa se congela pronto, cuando el espacio primigenio da pie a una escenografía (espléndidos los decorados de Rebecca Ringst y los figurines de Klaus Bruns) que es la réplica de la sala de Nuremberg en la que fueron juzgados los gerifaltes del nacionalsocialismo. Por ello, que un judío como Kosky haya sido el primero en dirigir la comedia wagneriana en Bayreuth es algo que hay que aplaudir, porque es indicador de los cambios que operan en la pequeña ciudad alemana: Wagner fue un genio como músico, pero criticable como ser humano.
En esta reposición, el espectáculo, redondo, lo fue también gracias a una interpretación musical memorable, empezando por la suntuosa dirección de Philippe Jordan, que optó por la transparencia del discurso musical en complicidad con la ejemplar acústica de la Festspielhaus. Papel soberbio el de la orquesta, e inmejorable el del coro que dirige Eberhard Friedrich, con enérgicos “Fanget an!” que ponían la piel de gallina.
Michael Volle –Beckmesser en la anterior puesta en escena de la misma ópera en Bayreuth–, fue ahora un Hans Sachs de medios sobrados y de resultados sencillamente magistrales: emocionó en las primeras frases del “Wahn! Wahn!” y arrasó en el monólogo conclusivo. Klaus Florian Vogt estuvo mejor como Walther en el montaje bayreuthiano de Katherina Wagner y de Sebastian Weigle (2007): esta vez adoleció de problemas en el registro agudo, siempre blanquecino pero en esta ocasión al borde del falsete y con apuros en la canción del premio.
Emily Magee fue este año la soprano que asumía la parte de Eva –en 2017 lo cantó Anne Schwanewilms– con resultados suficientes aunque no deslumbrantes. Enérgico y rotundo el Pogner de Günther Groissböck, simpático y generoso el David de Daniel Behle, notable Magdalene de Wiebke Lehmkuhl y sencillamente magistral, escénica y vocalmente, el Beckmesser de Johannes Martin Kränzle en todas sus intervenciones. * Jaume RADIGALES