Festival de Salzburgo
Gottfried von Einem DER PROZESS
Michael Laurenz, Jochen Schmeckenbecher, Matthäus Schmidlechner, Lars Wodt, Ilse Eerens. Dirección: HK Gruber. Felsenreitschule, V. de Concierto, 14 de agosto de 2018.
 
HK Gruber llevó la batuta en la versión de concierto de Der Prozess © Festival de Salzburgo / Marco Borrelli
 
Las dos óperas más divulgadas de Gottfried von Einem, Dantons Tod y Der Prozess, fueron estrenadas, respectivamente, en 1947 y 1953 en el Festival de Salzburgo, con el cual el compositor austríaco mantuvo una relación agitada. En este año de conmemoración del centenario del nacimiento de Von Einem, ofrecer una única versión en concierto de la ópera basada en Kafka parece un esfuerzo demasiado modesto por parte del festival, pese a que el resultado artístico fuera notable. Autor poco recordado hoy en día, quizá porque no siguió la vía serial de la vanguardia canónica de postguerra, Von Einem escribió para Der Prozess una partitura fascinante, una mirada entre irónica y distanciada que refuerza su carácter a la vez absurdo y terrible. De hecho, la música sigue dos vías: una escritura vocal que prima la declamación clara de un libreto verborreico, con limitadas efusiones melódicas; y una elaborada instrumentación, básicamente tonal, de una motricidad rítmica no lejana de Stravinsky o Hindemith y claros influjos del jazz que, por momentos, acerca la orquesta a una gigantesca big band. Solo la última escena, con el diálogo entre Josef K y el sacerdote, adopta un carácter ominoso.
Ese fue, precisamente, uno de los momentos en que se echó en falta una puesta en escena que hiciera justicia a las detallistas acotaciones del libreto y evitara la confusión generada por cantantes asumiendo hasta cuatro papeles distintos. En todo caso, Salzburgo acertó al confiar la dirección a HK Gruber, compositor polifacético que fuera discípulo de Von Einem. Algún ensayo extra hubiera dado más lustre al rendimiento de una, pese a todo, excelente Sinfónica de la ORF de Viena, con un Gruber que creó el clima perfecto y la tensión adecuada en cada escena. En un papel creado por un ilustre tenor wagneriano como Max Lorenz, la voz blanquecina de Michael Laurenz resultó ser una opción sorprendente como Josef K; a la larga fue todo un acierto, ya que Laurenz se mostró entregado a fondo e infatigable en un papel extenuante. Del extenso reparto destacaron el barítono Jochen Schmeckenbecher, en especial como un sacerdote de gran autoridad, el bajo Lars Woldt y la soprano de alados acentos Ilse Veerens* Xavier CESTER