Festival de Salzburgo
Mozart LA FLAUTA MÁGICA
Matthias Goerne, Mauro Peter, Albina Shagimuratova, Christiane Karg, Adam Plachetka. Dirección: Constantinos Carydis. Dirección de escena: Lydia Steier. Grosses Festspielhaus, 15 de agosto de 2018.
 
La flauta mágica en Salzburgo, en la propuesta escénica de Lydia Steier © Festival de Salzburgo / Ruth Walz 
Con su nueva producción de Die Zauberflöte, Lydia Steier demuestra que, como mínimo, sabe crear un gran espectáculo que llene toda la extensión de la Grosses Festspielhaus. El punto de partida combina la película La princesa prometida con los sueños surrealistas del cómic Little Nemo para una acción que arranca en una gran mansión de la Viena anterior a la Primera Guerra Mundial. El abuelo de tres traviesos muchachos –el gran actor Klaus Maria Brandauer– les empieza a leer el cuento de La flauta mágica, momento en que realidad y ficción comienzan a mezclarse: personajes que aparecen de forma sorprendente, otros que son el trasunto de la cotidianidad de los chicos, reflejos del pasado del abuelo, los propios muchachos, todos participan de un relato que se traslada al mundo colorista de un circo liderado por Sarastro. Con notable habilidad y creando imágenes sugerentes, Steier va tejiendo los hilos de un cuento que se vuelve sombrío en su desenlace. Ruidos de bombardeos alertan a los muchachos antes de las pruebas de Tamino y Pamina, convertidas en el visionado de los efectos espeluznantes de la guerra, mientras los hombres de Sarastro liquidan sin piedad a los seguidores de la Reina de la Noche. Por suerte, cuando el cuento acaba, los chicos están de vuelta en sus camas.
No todas las piezas encajan en esta propuesta para la cual Steier e Ina Karr han reescrito a fondo los diálogos –con cita shakespeariana y todo para el inicio del segundo acto–, pero si el conjunto puede ser discutible, también es, y mucho, estimulante. Los mismos adjetivos no se pueden aplicar a la dirección musical de Constantinos Carydis; más bien tocaría hablar de una versión desconcertante en la que el director griego reseca al máximo la sonoridad de la Filarmónica de Viena –a la cual añade de forma poco convincente un clavecín, un fortepiano y un órgano– para atacar tiempos en general muy rápidos, excepto en las escasas ocasiones en que eran muy lentos.
El reparto fue correcto, pero en pocos casos a la altura de la leyenda –y los precios– de Salzburgo. La más destacada fue la luminosa Pamina de Christiane Karg –su aria fue uno de los grandes momentos de la función–, frente al Tamino más bien tímido de Mauro Peter, mientras que Adam Plachetka fue un rígido Papageno y Albina Shagimuratova, una Reina de la Noche más brillante en la segunda aria que en la primera. ¿Es Matthias Goerne el primer Papageno que aborda Sarastro? En todo caso, y pese a momentos de incomparable nobleza, el hecho de que el timbre se haya oscurecido no le convierte en un bajo, y en demasiadas ocasiones la poca adecuación de la voz al papel resultó perceptible. Será interesante comprobar cómo el montaje de Steier evoluciona en futuras reposiciones.  * Xavier CESTER