Ópera Nacional de Chile
Rossini  IL BARBIERE DI SIVIGLIA
Rodion Pogossov, Victoria Yarovaya, Levy Sekgapane, José Fardilha, Pavel Chervinsky, Jeannette Fischer, Javier Weibel. Dirección: José Miguel Pérez-Sierra. Dirección de escena: Fabio Sparvoli. Teatro Municipal, 20 de septiembre de 2018.
 
Il barbiere di Siviglia, en la visión de Fabio Sparvoli © Ópera Nacional de Chile / Edison Araya
 
José Miguel Pérez-Sierra, forjado junto a ese gran maestro rossiniano que fue Alberto Zedda, ofreció una lectura fina y a la vez chispeante de esta partitura colmada de detalles y que exige un gran control para lograr el balance entre voces y foso. Utilizó la edición Ricordi del mencionado Zedda, de manera que se pudo escuchar la orquestación fiel al original, sin faltas ni añadidos, con las arias en su tonalidad primigenia y el número exacto de instrumentos requeridos. Sin duda, a ratos sonaba otro Barbero, a veces algo más cerebral, con ecos mozartianos en la obertura, pero siempre efervescente y con una elegancia nada habitual. Hubo momentos magníficos, como el trepidante final del primer acto “Mi par d’esser con la testa in un’orrida fucina”, un soberbio logro colectivo de músicos y cantantes, y la escena de la tempestad.
La música tuvo un buen aliado en la producción de Fabio Sparvoli, que ya estuvo en las temporadas santiaguinas de 2008 y 2013. Con escenografía de Giorgio Ricchelli, vestuario de Simona Morresi e iluminación de José Luis Fiorruccio, se evoca el final del siglo XVIII a través de siluetas estilo rococó, en un despliegue inagotable de ocurrencias lúcidas y divertidas. Escenas de belleza onírica, como el juego de paraguas que suben y bajan durante la tormenta, se suman al incesante movimiento diseñado por Sparvoli, casi una coreografía que exige figurantes que deben transitar entre la pantomima y el ballet. Perfecta la escenografía, transparente, distinguida y funcional.
Ya en 2013 el barítono Rodion Pogossov demostró aquí que su material vocal es más que adecuado para Fígaro, y en esta ocasión desplegó incluso mayor gracia y carisma. La mezzosoprano Victoria Yarovaya fue una estupenda Rosina, de coloratura vertiginosa, voz cálida y grande, y cuidada línea de canto. El joven tenor Levy Sekgapane tiene todas las notas y resuelve con naturalidad los temibles ornamentos y saltos en el pentagrama con que Rossini viste al Conde Almaviva; el timbre, sin embargo, es ingrato y algo infantil, lo cual resta carácter al rol. El barítono José Fardilha, ovacionado, estuvo genial como el Dr. Bartolo y cantó estupendamente la difícil “A un dottor della mia sorte”, mientras que no lució de manera especial, ni en lo vocal ni en lo escénico, el bajo Pavel Chervinsky como Don Basilio. Berta fue Jeannette Fischer, soprano –como en la versión original–, de gran desempeño teatral y notable en los brincos de registro que el compositor impuso a su parte en el final del primer acto. Completó el reparto el óptimo Fiorello de Javier Weibel* Juan A. MUÑOZ