Teatro Regio
Verdi MACBETH
Anna Pirozzi, Luca Salsi, Michele Pertusi, Antonio Poli. Dirección: Philippe Auguin. Dirección de escena: Daniele Abbado. 27 de septiembre de 2018.
 
Luca Salsi dio vida a Macbeth en Parma © Festival Verdi / Roberto Ricci 
 
El Festival Verdi –una auténtica inmersión efectuada a lo largo de cuatro días entre el Teatro Regio, el Teatro Farnese y la bombonera del teatrino Verdi de Busseto– se abrió con este Macbeth en su primera versión de 1847, que sufriría sustanciales modificaciones en 1865 con la adición de los bailables y de una urgencia dramática que hoy se considera irrenunciable. Fue la vertiente musical la que gustó al público, muy numeroso, presente en el estreno. La dirección de Philippe Auguin al frente de la espléndida Filarmónica Arturo Toscanini se hizo apreciar por su perfecto equilibrio con la acción escénica y la perfecta colaboración con el coro preparado por Martino Faggiani de modo superlativo.
Grandes aclamaciones tras el aria “Pietà, rispetto, onore” –y no amore como se corrigió después– para Luca Salsi, un artista que se confirma como uno de los mejores barítonos verdianos de la nueva generación y no solo en Italia. Triunfo también para la satánica Lady Macbeth de Anna Pirozzi, con su vibrante registro agudo como radiante rayo de luz, que resolvió idealmente la escena del sonambulismo con un delicado pianissimo en el siempre fatídico Re agudo para la mayoría de las intérpretes de este papel. Michele Pertusi (Banco) es siempre un gran artista en la expresión y en el fraseo. Muy bien los dos tenores, el Macduff de Antonio Poli, otra buena confirmación de calidad, y el Malcolm de Matteo Mezzaro. Por otra parte, es muy difícil encontrar a una Dama del nivel vocal de Alexandra Zabala, brillante en el concertante y perfecta en sus frases en la escena del sonambulismo. No desentonó el médico de Gabriele Ribis y merecen también ser citados Giovanni Bellavia (Sicario, Criado y Primera Aparición) y Adelaide Devanari, la voz blanca que se hizo cargo de las sucesivas apariciones.
La versión escénica, que firmó Daniele Abbado con el vestuario de Carla Teti y diseño luces de Angelo Linzata –único de todos ellos que merece elogios–, incluyó los movimientos coreográficos de Simona Bucci: el equipo fue acogido con un fuerte abucheo que esta vez provenía de todas las zonas del teatro. No hay que ensañarse, por lo demás, en la escasa entidad de un montaje pseudominimalista que cabe definir como decididamente feo.  * Andrea MERLI