Festival Verdi
Verdi LE TROUVÈRE
Roberta Mantegna, Nino Surguladze, Giuseppe Gipali, Franco Vassallo, Marco Spotti. Dirección: Roberto Abbado. Dirección de escena: Robert Wilson. Teatro Farnese, 29 de septiembre de 2018.
 
Giuseppe Gipali, Roberta Mantegna y Nino Surguladze, principales protagonistas de la versión francesa de Il trovatore en Parma © Festival Verdi / Lucie Jansch 
 
La versión francesa de Il trovatore, estrenada en la Ópera de París el 12 de enero de 1857 con libreto de Emilien Pacini adaptando el original de Cammarano para someterse a la condición sine qua non del teatro –que exigía además la incorporación de un ballet–, supone un final de mayor efecto teatral amén de algunas soluciones sorprendentes para quien solo conozca el texto original. Hizo bien el Festival en proponer esta interesante visión de la obra, novedad, y no solo en Italia, en estos tiempos, ya que solo se recordaba una única presencia en el Palazzo Ducale de Martina Franca en el Festival della Valle d’Itria de 1998. Menos bien pareció la idea de proponerla en el Teatro Farnese, de infeliz acústica. La muy interesante dirección del maestro Roberto Abbado, acertada en tempi y agógica, y la actuación del coro que prepara Andrea Faidutti resultaron, en efecto, perjudicados por las características sonoras de la vasta sala.
Entre los intérpretes destacaron la joven soprano Roberta Mantegna, Leonora vívida y palpitante, y la mezzo georgiana Nino Surguladze, Azucena que se beneficiaba de una tesitura más aguda en la versión francesa aun estando en posesión de un buen centro y suficientes graves. Muy buen Conte di Luna el del barítono Franco Vassallo, de voz bien timbrada y rica de armónicos, y adecuado al papel el tenor Giuseppe Gipali, un Manrico más “trovador” que nunca en el sentido poético del término por la elegancia en la exposición del canto. Completaron el reparto el bajo Marco Spotti, la soprano Tonia Langela, el bajo Nicolò Donini y, en el doble papel de Ruiz y Un Mensajero, el tenor Luca Casalin.
Quedaría por comentar el espectáculo visual, firmado en su totalidad por Robert Wilson: para quien conozca su trabajo, inmutable con el paso de los años, esta es una de sus producciones más bellas. Para los que no están en ese caso y que buscan una íntima conexión entre dramaturgia y música, es la demostración de que el emperador va desnudo. Entre el alborozo generalizado del final no faltaron, en cualquier caso, las muestras de desaprobación. Algunos habían ya abandonado el teatro en el descanso.  * Andrea MERLI