Amigos de la Ópera de A Coruña
Concierto Angela MEADE
Obras de Rossini, Cilea, Verdi, Bellini, Boito, Catalani, Granados, Wagner, Puccini, Bernstein y Herbert. O. S. de Galicia. Dirección: Kamal Khan. Palacio de la Ópera, 22 de septiembre de 2018.
 
La soprano estadounidense Angela Meade protagonizó una de las grandes noches de la programación lírica de A Coruña de los últimos años, demostrando porqué es una de las divas del Metropolitan y porqué se va a convertir en una de las voces más destacadas del panorama operístico en los próximos diez o quince años. La suya es una voz lírica plena, con un centro sonoro y un primer agudo poderoso, al que –eso sí– le ha aparecido un ligero vibrato, en absoluto molesto o que desfigure su línea de canto. Exhibe además un registro grave resuelto, redondo. Y por si fuera poco, demuestra un control de la emisión absoluto, manejando un juego de dinámicas e intensidades que la hacen una intérprete perfecta para papeles belcantistas. Su técnica, además, le permite encajar su voz en la escritura más enrevesada de las agilidades de este estilo, atreviéndose incluso con Rossini. La lección que impartió en “Bel raggio lusinghier” es inolvidable, cabaletta incluida. Su Semiramide no suena en absoluto ligera, sino completamente majestuosa, aceptando el reto de las florituras rossinianas e incorporando –como manda el estilo– variaciones en “Dolce pensiero”. Solo por esta pieza, el concierto ya fue un absoluto éxito.
El instrumento de Meade se antoja inigualable para los grandes roles belcantistas. Sus dos mejores piezas de la velada, además de la de Semiramide, fueron la escena final de Imogene en Il Pirata y la “Casta diva” que regaló como propina; las largas melodías bellinianas permitieron a la soprano lucir un canto lleno de matices, de claroscuros, mórbido y capaz de llenar la sala. El público reconoció su talento en este estilo con una encendida ovación y acabó despidiéndola en pie. En su segundo bis, interpretó “Art is calling for me (I want to be a primadonna)” del musical The enchantress, su particular homenaje a Broadway.
El resto del recital fueron papeles que encajan en el repertorio de una soprano lírica más convencional, desde “Io son l’umile ancella” de Adriana Lecouvreur hasta “L’altra notte” de Mefistofele, que en noviembre debutará en el Met, o “Ebben en andrò lontana”. Son páginas que no representan un problema para Meade, pero en las que –por el momento– se echa de menos algo más de profundidad, de intención. Más sugerente resultó el “Pace, pace, mio Dio” de La forza del destino, que arrancó sobre una messa di voce sobrecogedora, seguida de un canto a media voz y notas apianadas, hasta acabar con un maledizione sostenido hasta el último compás de la orquesta. Meade confiesa que le gustaría cantar en algún momento la Leonora di Vargas.
Cómplice absoluto de la soprano fue el director Kamal Khan, que aquí el año pasado también hizo brillar a Pretty Yende en un recital similar. Su batuta acompañó con generosidad a Meade, que agradeció tempi no excesivamente apresurados aunque sin caer en el letargo. Y la OSG estuvo en su habitual nivel de excelencia, capaz de ser pizpireta y juguetona con la obertura de La scala di seta o wagnerizarse para el preludio de Rienzi. Qué bien le sienta a la orquesta Wagner, cabe añadir, y qué pocas oportunidades tiene de lucirse en su obra. Igualmente notable la obertura de Candide de Bernstein, y quizás algo fuera de contexto el intermedio de Goyescas* José Luis JIMÉNEZ