Opéra national du Rhin
Rossini IL BARBIERE DI SIVIGLIA
Ioan Hotea, Leon Kosavic, Marina Viotti, Carlo Lepore, Leonardo Galeazzi, Marta Bauzà, Igor Mostovoi. Dirección: Marko Letonja. Dirección de escena: Frederic Wake-Walker. 22 de septiembre de 2018.
 
Pierre-Emmanuel Rousseau firmó la puesta en escena de Il barbiere di Siviglia en Estrasburgo © Opéra National du Rhin 
 
Algo que sería inconcebible para muchos aficionados a la ópera es algo absolutamente normal en Estrasburgo: el Fígaro rossiniano llevaba décadas sin pasearse por las tablas alsacianas. Se podría decir lo mismo de Aida, Trovatore y otras grandes obras que llevan una larguísima temporada lejos de estas tierras. Claro está, para un director de teatro es menos interesante ofrecer los mismos éxitos de siempre que redescubrir una obra menor de un compositor ignoto. Y no es que esté mal apartarse de caminos trillados, pero es legítimo preguntarse si esa estrategia –dejar de lado el gran repertorio– crea afición o no. En cualquier caso, afortunadamente, esta coproducción con la Opéra de Rouen-Normandie puso los contadores a cero de la mejor manera posible. Cosa rara en estos tiempos, el elenco vocal y la puesta en escena no solo no decepcionaron, sino que funcionaron a la perfección.
El regista francés Pierre-Emmanuel Rousseau demostró que se puede poner en escena una ópera cómica sin recurrir a absurdas transposiciones temporales ni nadar a contracorriente del libreto. De hecho, los decorados permitieron hacer volar la imaginación y sentirse por un par de horas en el Barrio de Santa Cruz y no en un teatro allende los Pirineos. El excelente trabajo escénico con los cantantes impidió que el tedio hiciera aparición sobre las tablas. Si es cierto es que no faltaron algunos topicazos ni unos bailecitos extemporáneos que, sin venir a cuento, tuvieron incluso su gracia, en general el conjunto funcionó a las mil maravillas.
Marina Viotti venía de consagrarse como finalista del concurso Operalia, así que se la esperaba con gran expectación, y más teniendo en cuenta su excelente Olga de un reciente Onegin en Estrasburgo. Las expectativas se cumplieron con creces, ya que su Rosina fue de altos vuelos: bella voz, coloratura fluida y excelente vis cómica. A su lado el chispeante Figaro de Leon Kosavic sedujo al respetable con una línea de canto llena de matices, aunque su voz, corta de volumen y de extensión en el agudo, le impidió lucirse en el archiconocido Largo al factotum, amputado de todos y cada uno de los tradicionales sobreagudos. El Bartolo de Carlo Lepore estuvo justo en su punto de humor bufo y sin problemas con la metralleta vocal que la partitura impone al intérprete, mientras que Leonardo Galeazzi se metió al público en el bolsillo con su estupenda “La calunnia”.
Sería injusto no mencionar la batuta típicamente rossiniana de Michele Gamba, llena de vida y detalles, y un coro de la casa en plena forma.  * Francisco J. CABRERA