Semperoper Dresden
Schoenberg MOSES UND ARON
John Tomlinson, Lance Ryan, Tahnee Niboro, Christa Mayer. Dirección: Alan Gilbert. Dirección de escena: Calixto Bieito. 29 de septiembre de 2018.
 
John Tomlinson y Lance Ryan, Moses y Aron en Dresden © Semperoper Dresde / Ludwig Olah 
Una partitura de la densidad filosófica y musical de Moses und Aron plantea un reto interpretativo mayúsculo a la compañía que decide llevarla a escena. La Semperoper de Dresde, que en 1975 estrenara la ópera de Schoenberg en la extinta RDA, salió triunfante del empeño al reunir un equipo artístico de primera magnitud, empezando por Calixto Bieito, quien con esta nueva producción debutó entre cálidos aplausos –y ninguna protesta– en uno de los teatros de más rica tradición de Alemania.
La austeridad escénica es uno de los denominadores comunes de las últimas propuestas del director catalán, contando de nuevo con una de sus colaboradoras habituales, Rebecca Ringst, responsable de un decorado que con solo tres muros blancos –el central, inclinado y móvil– y el refuerzo de la iluminación de Michael Bauer evoca tanto el vacío del desierto por el que vaga el pueblo de Israel como el monte Sinaí del cual baja Moses con las tablas de la ley. Otro fijo en el equipo de Bieito, Ingo Krügler, firma un vestuario de cotidiana contemporaneidad.
La dialéctica entre Moses y su hermano Aron, entre la pureza de una idea absoluta como la de Dios y su plasmación por un lenguaje mistificador, está dibujada con la precisa dirección de actores característica de Bieito. Pero el director apunta a que el principal peligro está en cómo este lenguaje puede manipular los anhelos de una masa inquieta como la de los israelitas, un lenguaje en el que las imágenes ocupan un lugar preponderante. Por ello ofrece a su pueblo gafas de realidad virtual a través de la cual pueden contemplar, anonadados, imágenes de todo tipo que satisfacen sus impulsos más básicos, incluyendo crudos ejemplos de pornografía o de videojuegos violentos. Un sonoro alud de piedras marca la distancia insalvable entre Aron y un Moses que acaba en una desoladora soledad.
A la potencia de la puesta de escena respondió Alan Gilbert desde el foso con una sensacional lectura musical que mantuvo una tensión implacable a lo largo de los dos actos que completó Schoenberg. El director norteamericano puso al servicio de la penetrante partitura del compositor austríaco toda la suntuosidad sonora de la Staatskapelle de Dresde, sin ahorrarse por ello los elementos más astringentes de la obra. El coro del teatro abordó su ardua parte con una precisión y una entrega digna de toda loa. El carismático Moses de John Tomlinson encontró buena réplica en un Lance Ryan de poderosos acentos, mientras que en la plétora de pequeños papeles cabe resaltar la participación de la soprano Tahnee Niboro y la mezzosoprano Christa Mayer* Xavier CESTER