Lugano Arte e Cultura (LAC)
Rossini IL BARBIERE DI SIVIGLIA
Edgardo Rocha, Riccardo Novaro, Lucia Cirillo, Giorgio Caoduro, Ugo Guagliardo, Alessandra Palomba, Yiannis Vassilakis, Matteo Belloto, Alfonso De Vreese. Dirección: Diego Fasolis. Dirección de escena: Carmelo Rifici. 7 de septiembre de 2018.
 
Il barbiere di Siviglia, primera ópera representando en el centro cultural Lugano Arte e Cultura © Lugano Arte e Cultura / Masiar Pasquali 
 
La ciudad suiza de Lugano está de enhorabuena. Y es que el monumental complejo de arte y cultura LAC, después de tres años desde su apertura, ha acogido por primera vez en su escenario una ópera. Y lo ha hecho por todo lo alto, con una fantástica producción –firmada por Carmelo Rifici– del Barbiere rossiniano con motivo del 150º aniversario de la muerte del Cisne de Pésaro. El máximo artífice de estas representaciones fue el maestro tesinés Diego Fasolis, quien frente a su formación, I Barocchisti, quiso ofrecer la versión original e íntegra que, entre otras, recupera el aria del tenor “Cessa di più resistere”, hoy ya incorporada en muchas de las producciones. Fasolis con la versión original, a diapasón 430Hz –el estándar actual de las orquestas es el La a 440Hz, y en muchas ocasiones por encima– y con instrumentos de época, consiguió una mayor comodidad para los cantantes y un sonido cristalino y maravilloso. Las cuerdas fueron pura sublimación musical, pero también los vientos, con un cálido sonido, y las prodigiosas trompas barrocas. Tempi bien marcados, sin precipitación ni artificiosas aceleraciones y dinámicas juguetonas y frescas. Una labor de conjunto magistral, en la que todo estaba perfectamente equilibrado y el público disfrutó de lo lindo.
La producción de Rifici, de corte clásico, estaba concebida como un gran mural barroco sevillano y con un frenético y eficaz movimiento escénico que reforzaba la comicidad del argumento. El juego dramático, fiel a la trama –excepto por el evidente flirteo entre Rosina y Fígaro, acompañado de toqueteos y besos en los labios–, resultó una traviesa delicia. Además los cambios de escena, muy ágiles, junto a un juego de luces impecables y un vestuario maravilloso –sacado del baúl de Beaumarchais–, hicieron que se disfrutara de la función.
Vocalmente, a pesar de destacar la labor de conjunto, hubo un poco de todo. Por encima despuntaron las voces masculinas, sobre todo la de Riccardo Novaro (Bartolo) y Edgardo Rocha (Almaviva). El primero dotó al personaje de todas las características del bajo bufo rossiniano, pero sin abusar del histrionismo y ofreciendo una técnica y línea impecables; anduvo sobrado en su célebre página “A un dottor della mia sorte”. Rocha posee una voz privilegiada, con un hermoso squillo y musicalidad muy refinada. Lástima de una coloratura no siempre exacta, cosa que su rol demanda, aunque cerró “Cessa di più resistere” de manera magistral. Giorgio Caoduro hizo un sólido Fígaro con entrega escénica y un magnífico control técnico, que le permitió ofrecer interesantes variaciones, a pesar de una voz algo impersonal y un agudo engolado. El resto de roles masculinos pasaron más bien sin pena ni gloria, incluso el correcto Basilio de Ugo Guagliardo, que dejó algo indiferente con falta de singularidad. Una lástima Lucia Cirillo (Rosina), ya que, a pesar de poseer la intención musical y la coloratura, su voz, nada homogénea, sonaba, más que a una joven pizpireta, como la de su sombra. La mezzo tiende a un registro agudo estridente y a un grave a veces inaudible, a pesar de un impecable estilo belcantista. Aunque para voz desgastada la de Alessandra Palomba (Berta), que arruinó el finale primo y a quien no se le hubiera echado de menos en “Il vecchiotto cerca moglie”. * Albert GARRIGA