Amigos de la Ópera de A Coruña
Bellini IL PIRATA
Saioa Hernández, Joseph Kang, Juan Jesús Rodríguez, Jeroboam Tejera, Carmen Subrido. Dirección: Antonello Allemandi. Dirección de escena: José Manuel Rabón. Palacio de la Ópera, 9 de septiembre de 2018.
 
Saioa Hernández, uno de los grandes atractivos de Il pirata en A Coruña © Amigos de la Ópera de A Coruña 
 
Año tras año, los Amigos de la Ópera de A Coruña se ven forzados a obrar pequeños milagros para levantar el telón de sus programaciones líricas. La falta de interés de las administraciones públicas –que en cada edición recortan sus aportaciones apelando a que la calidad ofrecida es más que notable para necesitar de mayores ayudas; véase lo perverso del razonamiento– obliga a agudizar el ingenio y a establecer prioridades. En la dirección artística de los Amigos siempre se ha antepuesto el plano vocal al escénico. Eso explica que este Il Pirata, encargado al director de escena local José Manuel Rabón, fuera una producción de una austeridad franciscana. Apenas unos mínimos elementos decorativos para ambientar en época la historia, vestuario correcto y un movimiento de actores y coreografías manifiestamente mejorables. Si un sector del público no necesitara de la variable escénica para motivarse a ir al teatro, este título habría sido mejor servido en versión de concierto como hizo el Liceu en 2013 en dos funciones para el recuerdo.
Cubierta la papeleta de la escena, condicionada por las asfixiantes circunstancias presupuestarias, el apartado vocal sí estuvo a la altura de lo que A Coruña ha ofrecido durante los últimos años como sello de identidad. La soprano madrileña Saioa Hernández protagonizará el próximo San Ambrogio scaligero, y el único lugar para escucharla en España como aperitivo fue en este Pirata. El canto de Hernández ofrece un timbre carnoso, poderoso, con variedad en el fraseo y cuidado del estilo, aunque su evolución hacia papeles más dramáticos está emborronando la facilidad para la coloratura, por momentos poco precisa. Junto a su escena de entrada “Sorgete, è in me dover quella pietade” y toda su escena final “Oh! s’io potessi”, Hernández regaló uno de los grandes momentos de la noche en el dúo a media voz “Ah! io sento” junto al barítono Juan Jesús Rodríguez. Al onubense no le presentó problema alguno el papel del malvado Ernesto, al que vistió con su voz robusta, exhibiendo la apabullante facilidad de su instrumento en el registro superior.
La crueldad de asumir el rol de Gualtiero la asumió en carne propia el tenor coreano Joseph Kang, quien –pese a no anunciarse por megafonía– no se encontraba en plenitud de facultades por una afección vocal que arrastró durante todos los ensayos. Prefirió arriesgar a quedarse en el camerino y plantearle a la organización la tarea ímproba de buscar un suplente para un papel infernal. De Kang sobre todo atrae un centro rotundo y sonoro, que llega al primer agudo, un canto entregado y pasional, que lo sitúa más como un intérprete lírico que lírico-ligero. Por causa de su afección, las subidas al sobreagudo de “Nel furor delle tempeste” y la cabaletta “Per te di vane lagrime” fueron poco lucidas, ya que propuso una emisión controladísima para evitar accidentes. Conforme transcurría la función se le vio más cómodo en la empinada tesitura del rol, aunque siempre con un punto de prudente contención. El mejor Kang se escuchó en su dúo con la soprano del primer acto. El joven Coro Gaos y los comprimarios cumplieron, sin más.
La mano veterana de Antonello Allemandi tuvo también mucho que ver con el óptimo resultado final de la función. Su pulso vibrante no fue incompatible con seguir a los cantantes y plegarse a sus necesidades, y además permitió disfrutar de la melodía belliniana sin apenas cortes respecto a la partitura original. Quede como solitario reproche el hecho de que no se introdujeran variaciones en las cabalette de tenor y barítono, un requisito inexcusable a estas alturas si se habla de bel canto. Y como nota al pie, lo sorprendente que resulta que una parte del público prefiera sacar su coche del aparcamiento sin aglomeraciones a ver la escena final de Il Pirata.  * José Luis JIMÉNEZ