Festival de Bayreuth
Wagner  DIE WALKÜRE
Catherine Foster, John Lundgren, Stephen Gould, Anja Kampe, Marina Prudenskaya. Dirección: Plácido Domingo. Dirección de escena: Frank Castorf. 31 de julio de 2018.
 
Bayreuth recuperó el montaje de Die Walküre de Frank Castorf para el debut de Plácido Domingo como director musical en el Festival © Festival de Bayreuth / Enrico Nawrath 
 
Plácido Domingo volvió a hacer historia con su debut en el podio del Festival de Bayreuth al frente de esta Die Walküre insólita. Nunca antes se había programado una ópera suelta del ciclo del Ring en el Festpielhaus, pero con el artista español presente todo es posible. A sus 77 años debutó para ponerse al mando del foso de la verde colina no sin polémica –su trabajo fue recibido con calurosos aplausos y aisladas protestas previsibles incluso antes del estreno–, convirtiéndose en el primer director español en realizar tal proeza y en el 80º director musical que empuña la batuta en el evento wagneriano por antonomasia. Los números en la carrera de Domingo siempre deslumbran: este 2018 cumple 45 años de carrera como director musical, celebra los 26 de su debut como tenor en Bayreuth –en el rol de Parsifal– y 18 de su última participación aquí como solista, precisamente como Siegmund de Die Walküre, entonces en el estreno de la producción de Jürgen Flimm bajo la batuta de Giuseppe Sinopoli (2000). Su desempeño en esta producción firmada por Frank Castorf, recuperada del llamado Millenian Ring estrenado en 2013 (el año del bicentenario del nacimiento de Wagner), convirtió a Domingo en historia viva del Festival de Bayreuth. Es y ha sido el único intérprete que, además de cantar en el escenario, ha dirigido en el llamado “foso místico”, una gesta que se aventura difícil de igualar por nadie en el futuro.
 
En el plano artístico, en todo caso, los resultados fueron menos históricos. La batuta del español, algo insegura y con momentos de caída de tensión notables, sorprendió por un enfoque más lírico que dramático; Domingo quiso mostrar la historia de amor de los walsungos con momentos de intimismo romántico que funcionaron a medias en el primer acto, o en el amor paterno-filial como en la escena de Wotan y Brünnhilde final, de resolutiva ejecución. La intención se notó más que el resultado, algo accidentado por falta de unidad dramática en general. La orquesta bordó, a pesar de los altibajos desde el podio, una función en la que las cuerdas y su sonido pastoso y generoso contrastaron con el brillo del metal y la tersura de los vientos.
 
Stephen Gould fue un Siegmund seguro y rocoso, a pesar de un “Wälse” sin brillo y pesante musicalmente; el timbre sigue siendo idóneo y el volumen extenso, pero le faltó el cuidado en el fraseo que distingue al buen cantante de un gran artista. Catherine Foster mostró más imaginación como Brünnhilde, de canto redondo y sin fisuras; controló la emisión y demostró intentos de colorear sus intervenciones con efectividad. John Lundgren fue un Wotan reflexivo y cálido gracias a un timbre atractivo y pulido, con un fraseo comunicativo y un color idóneo de bajo-barítono de registro impecable. Del resto del reparto destacó la experiencia y empatía canora de Anja Kampe como carismática Sieglinde y la adecuación vocal de la sutil Fricka de Marina Prudenskaya* Jordi MADDALENO