Festival della Valle d’Itria
Vaccai GIULIETTA E ROMEO
Leonor Bonilla, Raffaella Lupinacci, Christian Senn, Leonardo Cortellazzi. Dirección: Sesto Quatrini. Dirección de escena: Cecilia Ligorio. Palazzo Ducale, 31 de julio de 2018.
 
Leonor Bonilla y Raffaella Lupinacci, Giulietta y Romeo en Martina Franca © Festival della Valle d’Itria / Fabrizio Sansoni / Paolo Conserva 
 
Con las localidades agotadas, Giulietta e Romeo de Vaccai volvía a la escena tras su primera representación en la era moderna, lo que ocurría en Jesi en junio de 1996. Puede prescindirse de la calificación de menor y epígono de Rossini para un autor del que se recordará siempre su método de canto, en el que en lugar del habitual solfeo introdujo una serie de ariette sobre textos de Metastasio, y que en esta ópera –que sin exagerar cabe calificar de maestra– dio un impulso definitivo a la evolución del melodrama, anticipándose no solo al romanticismo de Bellini y Donizetti sino incluso a la genialidad de todo un Verdi. El libreto de Felice Romani sería después reciclado con pocas variaciones para Bellini y el propio Vaccai se ocupó de su revisión para su representación de 1835 en La Scala, con la Malibran en el papel de Romeo, que ya en 1832, por consejo de Rossini –que tenía a Vaccai por el mejor compositor para la voz– había decidido sustituir el tercer acto de la obra de Bellini por el de Vaccai.
Con la pimpante y voluntariosa orquesta de la Academia de La Scala, el maestro Sesto Quatrini supo conducir con buen temple a sus jóvenes músicos sin perder nunca de vista el escenario, en el que destacaron la Giulietta de la joven soprano sevillana Leonor Bonilla, ideal por belleza física y vocal, y Raffaella Lupinacci en el papel en travesti de Romeo, resuelto con viril prestancia. Muy bien el tenor Leonardo Cortellazzi, profesional seguro, como el vindicativo Capellio, así como el barítono Christian Senn, un Frate Lorenzo de bella y cálida vocalidad. Menos apreciable resultó la contribución del barítono Vasa Stjkic (Tebaldo). En el papel anecdótico de Adele, la madre de Giulietta, supo distinguirse la soprano Paoletta Marrocu.
La regista Cecilia Ligorio regresaba a Martina Franca con un espectáculo agradable y centrado, en el que destacó el hecho de convertir al coro en verdadero protagonista. Fue de gran ayuda para ella el bellísimo vestuario de Giuseppe Patella y el decorado, único pero sugestivo, de Alessi Colosso, con el magnífico juego de luces de Luciano Novelli* Andrea MERLI