Festival del Tirol
Wagner TANNHÄUSER
Gianluca Zampieri, Michael Kupfer-Radecky, Carsten Wittmoser, Nancy Weissbach, Marlene Lichtenberg. Direción musical y de escena: Gustav Kuhn. Passionfestspielhaus, 14 de julio de 2018.
 
Gustav Kuhn recuperó su montaje de Tannhäuser siete años después © Festival del Tirol / Xiomara Bender 
Wagner continúa siendo el epicentro del Festival del Tirol de la pequeña localidad de Erl, fundado y dirigido por Gustav Kuhn, quien ha programado allí todas las obras del canon. En la edición de 2018, junto a un ciclo del Anillo, el director austríaco ha repuesto una producción de 2011 de Tannhäuser en la cual la orquesta, situada al fondo del escenario, es el principal decorado. Como es su costumbre, el mismo Kuhn firma la puesta en escena, una propuesta funcional dadas las limitaciones del espacio, boicoteada a veces por un vestuario con excesos horteras (el modelo del Landgraf era de juzgado de guardia). En el haber del montaje cabe una imagen interesante, Elisabeth envolviendo a Venus con su manto al final de la obra, una manera de indicar que son las dos caras del mismo eterno femenino al cual aspira Tannhäuser.
Kuhn firmó una lectura redondeada, sin aristas ni excesos de contundencia sonora, atenta a la arquitectura de páginas como el concertante del segundo acto, de construcción impecable. La orquesta del festival tardó un poco en encontrar un rendimiento óptimo, pero fue uno de los puntales –no solo visual– de la representación, con meritorias intervenciones de la madera. El coro no rindió al mismo nivel –el sonido de los tenores era ajado– pero cumplió sin problemas.
El sólido reparto estuvo dominado por la Elisabeth desbordante de Nancy Weissbach, soprano de recursos generosos en “Dich, teure Halle” que se plegó de forma admirable a la unción de la plegaria del tercer acto, y el Wolfram de exquisita nobleza de Michael Kupfer-Radecky, impecable tanto en el concurso de canto como en una sedosa romanza de la estrella. Gianluca Zampieri fue un Tannhäuser intermitente, con buenas intenciones expresivas lastradas en ocasiones por sonidos ahogados, llegando al menos con fuerzas suficientes a una Narración de Roma bien modulada. Al Landgraf de Carsten Wittmoser solo le faltaba una mayor rotundidad en el grave, mientras que la Venus de Marlene Lichtenberg convencía más en el registro más insinuante y seductor. La voz se tensionaba visiblemente cuando el volumen era más generoso y la tesitura más aguda. Buen equipo de cantores y Pastor de refrescante voz de Maria Novella Malfatti* Xavier CESTER