Festspielhaus Baden-Baden
Mozart LA FLAUTA MÁGICA
Rolando Villazón, Regula Mühlemann, Franz-Josef Selig, Albina Shagimuratova, Christiane Karg, Klaus Florian Vogt, Tareq Nazmi, André Eisermann, Johanni van Oostrum, Corinna Scheurle, Claudia Huckle, Levy Sekgapane, Douglas Williams, Aurelius Sängerknaben. Dirección: Yannick Nézet-Séguin. Versión de Concierto, 11 de julio de 2018.
 
Intérpretes de La flauta mágica bajo la batuta de Yannick Nézet-Séguin © Festspielhaus Baden-Baden 
 
Montar en versión de concierto una ópera llena de diálogos como La flauta mágica es un asunto peliagudo. Sin la parte escénica, el nivel musical debe compensar esa ausencia, corriendo el riesgo de que la cosa se vuelva aburrida para el público. Hay que decir que en el este caso el Festspielhaus Baden-Baden se tomó el asunto muy en serio, proponiendo un plantel de cantantes de primerísima línea y un director de moda como Yannick Nézet-Séguin, quien está realizando una serie de siete óperas mozartianas en el festival alemán que están siendo llevadas al disco por Deutsche Grammophon. El proyecto comenzó en 2012 y también cuenta con la colaboración del tenor mexicano Rolando Villazón. Después de Don Giovanni, Così fan tutte, Die Entführung aus dem Serail, Le nozze di Figaro y La clemenza di Tito (presentada en julio y grabada el año pasado, ver crítica en ÓPERA ACTUAL 216, página 77), este año tocaba esta Flauta mágica e Idomeneo.
El caso es que, para animar las partes habladas, se tuvo la muy buena idea de utilizar a un narrador (André Eisermann, excelente), liberando así a los cantantes de unos diálogos de gran dimensión.
De entre los intérpretes, Klaus Florian Vogt fue un Tamino ideal por voz y estilo. Su voz lírica fue capaz de llenar la enorme sala del Festspielhaus con el más mínimo pianissimo, demostrando que su timbre de voz blanca es mucho más adecuado para Mozart que para las óperas de Wagner en las que se ha especializado. Rolando Villazón, en su debut como barítono, construyó un Papageno notable pese a que exhibió una voz que no es la adecuada para el rol: el timbre conserva toda su seducción habitual, pero el hecho de cantar en una tesitura más grave hizo que perdiera en proyección, quedando su personaje en segundo plano. Aun así, su conocida vis cómica hizo maravillas, sacando múltiples carcajadas al público con su actuación, y eso que era un concierto. Sería muy interesante verle su Papageno en un montaje escénico. Los otros papeles fueron todos asumidos por cantantes de grandísimo nivel, empezando por la espectacular Reina de la Noche de Albina Shagimuratova, la cual combinó fuegos de artificio vocales con un decidido toque dramático. Franz-Josef Selig cantó su Sarastro con una voz sonora y de cavernosos graves, y lo mismo se podría decir del Narrador de Tareq Nazmi. La Pamina de Christiane Karg fue absolutamente emocionante, con un canto de gran delicadeza, y Regula Mühlemann fue una chispeante Papagena.
La dirección de Nézet-Séguin, el nuevo director del Met neoyorquino, mostró aquí un Mozart molto allegro –a veces demasiado– y con gran atención al detalle. Contó con una excelente Chamber Orchestra of Europe y un coro, el RIAS Kammerchor, simplemente inmejorable. Resumiendo, un gran placer musical en el que no se echó de menos la puesta en escena.  * Francisco J. CABRERA