Teatro di San Carlo
Puccini TOSCA
Ainhoa Arteta, Brian Jagde, Roberto Frontali, Carlo Cigni, Roberto Abbondanza, Nicola Pamio, Bruno Iacullo, Rosario Natale, Franca Iacovone. Dirección: Juraj Valcuha. Dirección de escena: Mario Pontiggia. 15 de julio de 2018.
 
Ainhoa Arteta dio vida a Tosca en Nápoles  © Teatro San Carlo / Luciano Romano 
Italia, la patria de la ópera, es uno de los pocos lugares en los que todavía se respetan las obras tal y como fueron escritas. El público italiano es en general menos permeable al Regietheater, quizás por tradición o simplemente porque allí se conocen el repertorio al dedillo y no aceptan que les pasen gato por liebre. Por supuesto, a esta producción de Tosca original del Teatro Massimo de Palermo se la podría tildar sin duda de ser muy convencional, pero el caso es que aportó una escenografía (Francesco Zito) y unos figurines (Giusi Giustino) absolutamente adecuados a la letra y al espíritu de la obra, sin que al responsable del conjunto, Mario Pontiggia, se le fuera la mano con delirios de regista, más allá de algún gesto extemporáneo sin mayor trascendencia. Esto permitió que el público napolitano comprendiera perfectamente lo que estaba pasando sobre las tablas del bellísimo Teatro di San Carlo sin necesidad de estrujarse la mollera como suele ser el caso con propuestas más modernas.
Sin Regietheater, todo el foco de atención se dirigió hacia el melodrama y hacia los cantantes, y muy en particular hacia la soprano española Ainhoa Arteta, quien exprimió en Floria Tosca todo su catálogo de virtudes vocales –timbre de belleza excepcional, emisión redonda y clara, con un vibrato un tanto ancho en ocasiones– al servicio siempre de una teatralidad natural. Su “Vissi d’arte” conmovió y sedujo al exigente público napolitano –acostumbrado a la crème de la crème– y fue sin duda el momento álgido de la noche. La cantante vasca estuvo bien acompañada por el Scarpia de Roberto Frontali, barítono de gran calidad y con muchos kilómetros en el contador que en el Te Deum se vio sumergido por la avalancha sonora que desató Juraj Valcuha, batuta competente sin llegar a ser verdaderamente original.
La emisión un tanto roma en el registro medio del tenor Brian Jagde también se vio perjudicada por el exceso de decibelios del director eslovaco, aunque sus sonoros agudos cortaron el manto orquestal como si fuera mantequilla; el tenor estadounidense construyó un Cavaradossi notable, pero no hizo olvidar a otros tenores de más enjundia que han pisado las mismas tablas en el pasado. De entre todos los comprimarios, Roberto Abbondanza demostró con su Sacristán que se puede sacar buen partido de cualquier papel por corto que sea, mientras que el resto de cantantes y el coro de la casa cumplieron con creces sus cometidos.  * Francisco J. CABRERA