Teatro Real
Recital Jonas KAUFMANN
Obras de Saint-Saëns, Gounod, Bizet, Chabrier, Halévy, Massenet y Wagner. Orquesta Titular del Teatro Real. Dirección: Jochen Rieder. 25 de julio de 2018.
 
Jonas Kaufmann, en su concierto en Madrid © Teatro Real / Javier del Real
 
Pocas veces se habrá visto el Teatro Real tan enfervorizado como en este concierto de Jonas Kaufmann. Rectificaba una ausencia de casi veinte años, de cuando actuó aquí, como sustituto, en una Clemenza di Tito. Los intentos sucesivos para su retorno quedaron frustrados hasta este mes de julio, en un concierto que se dará también en el Festival de Peralada. El programa era magnífico, con una primera parte dedicada al repertorio francés, bien conocido de Kaufmann, y la segunda a Wagner, especialidad de la casa. Entremedias sonó una selección de piezas orquestales, desde la Bacanal de Sansón y Dalila, hasta el preludio de Lohengrin, que requiere una especial delicadeza. No siempre ocurrió así, con una Orquesta Titular algo imprecisa bajo la dirección esquemática de Jochen Rieder, fiel acompañante en cualquier caso.
Tampoco importó mucho. El plato fuerte, aquel por el que el público había ido al Real en una tórrida tarde de julio, empezó con un “Ah, lève-toi, soleil!” en el que se pusieron en evidencia algunos problemas: falta de seguridad en los ataques, como si Kaufmann no las tuviera todas consigo, dificultades para conseguir algunas notas agudas, falsetes descoloridos, alguna nota calada y complicaciones para apianar. El panorama se despejó con una estupenda “Rachel, quand du Seigeur”, cantada con toda la seriedad requerida, y con un instrumento que corría sin cortapisas y llamaba al núcleo de la emoción, con algún añadido final que le proporcionó más brillantez aún. La espléndida “Ô souverain” de Le Cid fue entonada con la misma intensidad y una variedad expresiva imprescindible para una página que no siempre va situada en lo heroico.
En la segunda parte llegó Die Walküre, con el Ein Schwert Verhiess Mir Der Vater” de Siegmund, pieza clave para un tenor dramático heroico, con los dos calderones del famoso “Walse”, emitidos con generosidad. Muy hermosa la canción de Los maestros cantores y al borde de lo sublime el “In fernem Land” de Lohengrin, con más despliegue de medios pero integrados en una musicalidad de gran categoría. Kaufmann cantó las dos estrofas del racconto, algo inusual. Dispuesto a agradecer al público el apoyo, el alemán ofreció el “Pourquoi me réveiller?”, en la que brilló, definitivamente liberada, una voz oscura, densa y luminosa. Un nuevo fragmento de La Walquiria situó al público en plena primavera, lo que se agradeció, y el “Traüme” de los Wesendonck Lieder le trasladó a un universo soñador. Kaufmann, que se había arriesgado a cantar en todo el registro expresivo, salió triunfante de la velada.  * José María MARCO