Bayerische Staatsoper
Haydn ORLANDO PALADINO
Adela Zaharia, Edwin Croslley-Mercer, Mathias Vidal, Elena Sancho Pereg, David Portillo. Dirección: Ivor Bolton. Dirección de escena: Axel Ranisch. Prinzregententheater, 25 de julio de 2018.
 
Axel Ranisch montó Orlando Paladino en el Festival de Múnich © Bayerische Staatsoper / Wilfried Hösl 
El Prinzregententheater acogió la segunda nueva producción del Festival de Ópera de Múnich de 2018, un título que, como Parsifal, tiene caballeros como protagonistas. Aquí acaban las similitudes con Orlando Paladino, brillante dramma eroicomico que Haydn estrenó en 1782 en el palacio de la familia húngara Esterházy para la que trabajaba. El libreto de Nunziato Porta, inspirado en el poema épico de Ariosto, no busca ni la profundidad psicológica de los personajes ni la coherencia dramática de la trama, lo que no fue obstáculo para que el compositor austríaco escribiera una música llena de momentos inspirados, tanto en el registro sentimental como en el bufo, que no cesan de entremezclarse. La puesta en escena de Axel Ranisch asume sin problemas esta heterogeneidad y la traslada a otro mundo donde también conviven héroes y doncellas, el del cine.
Una breve película proyectada durante la obertura presentó al público algunos de los secretos de los personajes, incluyendo dos de cosecha propia: los amos de un cine desvencijado –efectivo decorado de Falko Herold– que proyecta un film mudo sobre las aventuras de Angelica y Medoro. Como En la rosa púrpura del Cairo de Woody Allen, los protagonistas salen de la pantalla para vivir sus peripecias, mezclándose con figuras como Rodomonte (un petulante galán) o Alcina (la hija de los dueños del cine, de insospechados poderes mágicos). La frontera entre realidad y ficción se difumina a medida que la trama se vuelve tan enloquecida como el protagonista, e incluso el dueño de la sala salta a la pantalla para intentar un acercamiento inesperado entre Orlando y su enemigo Rodomonte. Como deus ex machina para resolver el embrollo, nada mejor que el director’s cut de la película, de final trágico, por suerte divergente de lo que acontece a las diferentes parejas, confirmadas o reformuladas.
El ingenio y buen ritmo del montaje tuvieron su equivalente en la labor desde el foso de Ivor Bolton, al frente de una ágil Orquesta de Cámara de Múnich. El director británico explotó a fondo las delicadezas instrumentales, los guiños humorísticos y el lirismo de contenida nobleza que caracterizan la partitura de Haydn.
Un reparto en general joven afrontó con óptimo nivel una obra con no pocas dificultades. Destacó sobremanera la Angelica de Adela Zaharia, un nombre a retener gracias a una voz de soprano lírica de exquisita pureza, agudo luminoso y fraseo delicado que firmó los momentos más conmovedores de la función. Edwin Crossley-Mercer aportó como Rodomonte una gallardía autoparódica muy refrescante, bien complementada por el canto incisivo del Orlando de Mathias Vidal. Dovlet Nurgeldiyev fue un meloso Medoro; Tara Erraught, una autoritaria Alcina; François Lis, un efectivo Caronte; Guy de Mey, un correcto Licone, y Elena Sancho Pereg –Premio ÓPERA ACTUAL 2017– una pimpante Eurilla, formando una impecable pareja cómica con el Pasquale tan hilarante como bien cantado de David Portillo. La labor de los actores Gabi Herz y Heiko Pinkowski fue otro de los elementos que contribuyó al éxito global de la producción.  * Xavier CESTER