Festival dei 2 Mondi
Silvia Colasanti MINOTAURO
Estreno absoluto
Gianluca Margheri, Benedetta Torre, Matteo Falcier. Dirección: Jonathan Webb. Dirección de escena: Giorgio Ferrara. Teatro Nuovo, 1 de julio de 2018.
 
Gianluca Margheri encarnó al protagonista de Minotauro en su estreno absoluto en Spoleto © Festival dei 2 Mondi / Maria Laura Antonelli 
Por vez primera en sus 61 ediciones el Festival de los dos Mundos de Spoleto se inauguró con el estreno absoluto de una nueva ópera, en este caso Minotauro, un encargo hecho a Silvia Colasanti, uno de los mejores compositores –absolutos, sin distinción de género– de hoy día, no solo en Italia sino en Europa. Colasanti no sigue el antiguo mito, sino una versión moderna del escritor suizo Friedrich Durrrenmatt, según el cual el ser mitad hombre y mitad toro que mata y devora a los jóvenes que le son enviados como tributo por los atenienses no es un verdugo sino una víctima, considerado un monstruo por los hombres y recluido en el laberinto.  Así lo afirman los dos libretistas, el escritor francés René de Ceccatty y el director de escena italiano Giorgio Ferrara, y de hecho uno de los motivos de interés de esta ópera en un acto reside precisamente en la doble naturaleza del Minotauro, que es ejecutor y víctima al mismo tiempo.
Pero el núcleo fundamental de este drama es otro, y concretamente la incapacidad del Minotauro para distinguirse a sí mismo respecto de los demás, ya que vive en un laberinto de
espejos  en los que solo ve reflejada su propia imagen. Solo cuando se apercibe de la presencia de Teseo empieza a cobrar conciencia de la existencia de otros seres distintos de él. Apenas adquirido ese conocimiento, sin embargo, muere a manos de Teseo. Todo es como un sueño que tiene lugar en la mente del Minotauro y la propia música de Colasanti tiene un carácter onírico, alternando los momentos de raro quietismo con los ritmos obstinadamente repetitivos. Pueden detectarse lejanas referencias a la antigua modalidad, al recitar cantando, al madrigalismo de los siglos XVI y XVII, al romanticismo más exacerbado y al mismo siglo XX. De todo ello se deriva un estilo muy personal, siempre cambiante, que responde con extrema sensibilidad a las diversas situaciones, impregnándose alternativamente de dulzura, de violencia, de misterio, de ingenuidad y de malicia.
Jonathan Webb dirigió con gran atención y a su gesto respondieron perfectamente tanto la Orchestra Giovanile Italiana como el International Opera Choir, estrictamente italiano también este a pesar del nombre. Gianluca Margheri posee no solamente el físico potente y musculoso para encarnar la figura del Minotauro sino también la voz precisa para interpretar la fatigosa parte del protagonista. Muy bien la prometedora y joven soprano Benedetta Torre (Arianna) y fiable el experto Matteo Falcier como Teseo.
La dirección escénica de Giorgio Ferrara, autor también de la escenografía, consiguió dar una intensa tensión teatral a una ópera prácticamente desprovista de acción que se desarrolla en un ambiente recogido y revestido de espejos, en el que la mente del Minotauro se extravía y se confunde. El público que llenaba el teatro aplaudió con el mismo entusiasmo que suele manifestarse después de una Tosca o una Traviata* Mauro MARIANI