CNDM
Recital Hanna-Elisabeth Müller
Obras de Robert Schumann y Richard Strauss. Juliane Ruf, piano. Teatro de La Zarzuela, 2 de julio de 2018.
 
La alemana Hanna-Elisabeth Müller, con voz de lírico ligera, se ha enfrentado a algunos de los grandes papeles de este repertorio, como son Sophie (El caballero de la rosa), Pamina y Zerlina. También cultiva la canción y para su debut en el Ciclo de Lied del CNDM en el Teatro de La Zarzuela seleccionó un programa coherente y adecuado. Coherente, porque todas las canciones giraban en torno a una misma sensibilidad, nacida del amor correspondido y de las emociones que suscita. Y adecuado, porque la voz de Müller, que tiene fuerza cuando es necesario, se pliega muy bien a las exigencias técnicas y expresivas de este registro.
De Schumann, uno de los grandes del género, la soprano escogió una selección de Mirtos, el ciclo que el compositor le regaló a Clara Wieck el día de su boda. Son Lieder bien conocidos, llenos de ternura, para los que se necesita sensibilidad, transparencia, una línea de canto elegante y también evitar el exceso de almíbar. Así se llegó a “Zum Schluss” (“En conclusión”), la última pieza del ciclo, de la que Müller expresó bien toda la delicadeza, esta vez de resonancias casi trascendentes.
En la segunda parte escogió las seis canciones de la Op. 107, igualmente líricos y efusivos sin dramatismo. De Richard Strauss, Müller se decidió por algunas canciones de tono parecido, aunque más graves, como “Waldseligkeit” (“Felicidad en el bosque”), que enfrenta al intérprete a una amplitud más importante, e “Ich wollt ein Sträusslein binden” (“Quería hacerte un ramillete”), con un tratamiento casi operístico. La cantante lució un cierto grado de virtuosismo vocal, también requerido en algunos pianísimos que profundizan la suavidad expresiva hasta proporcionarle un tono entre elegíaco y extático, muy propio del compositor. Así se variaba un poco la tonalidad de la antología straussiana, en general más próxima al puro romanticismo de Schumann que a cualquier intensidad expresiva posterior. Aderezado con notas de humor un poco mozartiano, como en “Hat gesagt” (“Ha dicho”), que se hacía eco del “Rätsel” (“Acertijo”) de Schumann. Como Müller tiene una voz clara, flexible, de hermoso color, expresó todos los matices sin caer en la monotonía, que era el gran peligro de este recital. Como propina, una nueva canción de cuna, después del famoso “Wiegenlied” Op. 41. Juliane Ruf acompañó al piano con solvencia y finura, adaptándose muy bien a la delicadeza propia de todo el concierto.  * José María MARCO