Teatro dell’Opera
Puccini LA BOHÈME
Anita Hartig, Olga Kulchynska, Giorgio Berrugi, Massimo Cavalletti, Simone del Savio, Antonio di Matteo, Matteo Peirone. Dirección: Henrik Nanási. Dirección de escena: Àlex Ollé. 13 de junio de 2018.
 
Àlex Ollé llevó su Bohème a Roma © Teatro dell’Opera
 
Murger ambientó su novela La vie de Bohème en su ciudad y en su época, París entre 1840 y 1850. Puccini al componer la música de La Bohème probablemente pensaría en sus años jóvenes en Milán entre 1880 y 1890. Ahora Àlex Ollé (La Fura dels Baus) y sus colaboradores –Alfons Flores en la escenografía, Lluc Castells en el vestuario y Urs Schönebaum para la iluminación– la escenifican en nuestra época y en una de nuestras ciudades y no en una de ellas en concreto, porque los edificios impersonales y degradados de las periferias modernas son más o menos iguales en todas partes. El regista catalán no tiene que cambiar prácticamente nada de la trama argumental porque nuestro mundo no es tan distinto del que poblaba el París o la Milán de entonces, donde ya empezaba a nacer la modernidad. Ni ha cambiado la fragilidad psicológica de los jóvenes, ni sus amores o el paso de la edad de la inconsciencia al descubrimiento de la dureza de la vida. A Ollé le basta con eliminar los gestos falsos, exagerados y amanerados de la tradicional gesticulación operística para sustituirlos con una acción auténtica, viva y espontánea creando un hermoso espectáculo que es al mismo tiempo totalmente fiel a la música, lo que no obsta para que algunos espectadores hayan protestado, sin duda por preferir la gris rutina que sofocaba antes al auténtico Puccini.
Fue buena aunque no excepcional la realización musical. Tras unos inicios de una cierta incertidumbre, probablemente debida al nerviosismo del debut, Anita Hartig acreditó ser una protagonista precisa y atenta a las indicaciones de Puccini; la voz no es de una gran amplitud pero le permite resaltar los aspectos más íntimos de Mimì, que es una mujer joven pero no una diva operística. Olga Kulchynska ofreció una Musetta fascinante, sensual y provocativa, con voz plena y cálida aun en la zona aguda, evitando los efectos de las voces petulantes que transforman el personaje en una figura ridícula. Giorgio Berrugi (Rodolfo) y Massimo Cavalletti (Marcello) poseen las virtudes y los defectos típicos del cantante italiano: voz generosa –pero con tendencia a exhibirla demasiado, incluso cuando no es necesario– y adhesión instintiva al personaje aun con una expresividad un tanto genérica. Muy bien Simone del Savio (Schaunard) y Matteo Peirone (Benoît y Alcindoro), cumpliendo Antio di Matteo (Colline) y los personajes menores.
El húngaro Henrik Nanási, al frente de una orquesta en gran forma, supo poner en valor los infinitos detalles de la partitura que, amén de demostrar la habilidad orquestal del compositor, enriquecen y matizan las situaciones y la psicología de los personajes. La orquesta se convierte así en protagonista, aun no renunciando a acompañar amorosamente a las voces y subrayando siempre el carácter delicado e intimista de La Bohème* Mauro MARIANI