Hibla Germava, George Petean, Marcelo Puente, J’Nai Bridges, Christof Fischesser, Ruben Drole, Jamez McCorkle. Dirección: Fabio Luisi. Dirección de escena: Andreas Homoki.
13 de junio de 2018.
 
Hibla Gerzmava fue la gran triunfadora vocal de La forza del destino escenificada por Andreas Homoki en Zúrich © Opernhaus / Monika Rittershaus 
 
Después de ver La forza del destino en Zúrich, uno se pregunta cómo es posible que Verdi sea de los compositores que más ha dirigido escénicamente Andreas Homoki. Partiendo de la base que el libreto de Francesco Maria Piave o ya el original del Duque de Rivas son algo incongruentes y difíciles de digerir escénicamente, al menos desde una estimulación teatral, da la sensación como si al Intendant de Zúrich apenas le hubiera interesado algo entrar en el relato dramático. Un relato basado en las pasiones de los personajes y en las relaciones de sangre y de carne que les llevan al terrible destino. Al menos resulta curioso, ya que es conocido el trabajo conceptual que el regista alemán suele realizar y que no deja indiferente al público. En este caso patinó, pero no tanto por arriesgar, si no por no aportar absolutamente nada a la producción, que no tenía  ningún trasfondo teatral al que agarrarse. Disparatada fusión de los personajes del Marchese y del Padre Guardiano, como aparición fantasmagórica del primero, a lo El sexto sentido, y que se resuelve, al final cuando mueren Carlo y Leonora, en un supuesto final feliz, por el reencuentro de la familia en el cielo. De ahí, que aunar los roles de Curra y Preziosilla y Melitone, Alcalde y Cirujano – con cambio de tesitura incluido– hace que no importe nada. Y no se ha de olvidar que la obra se sitúa en España, no se sabe muy bien cuando, pero toreros, mantillas y soldados carlistas que no falten, y quizás en formato fantasma. ¡Bravo! Y es que una nueva propuesta escénica puede hacer reflexionar y acercar de nuevo al espectador a la obra desde una nueva perspectiva, pero nunca cayendo en lo absurdo. Con todo, funcionó muy bien a nivel plástico la escena de la entrada de Leonora en el monasterio, que permitió descansar visualmente de esas dantescas paredes-puerta tricolores, a modo de caja gigante, que presidían el escenario firmado por Harmut Meyer.
Musicalmente, la cosa fue completamente por otros derroteros. Fabio Luisi fue la columna vertebral y el guardián de la italianidad de esta Forza y consiguió extraer un sonido excelso a la Philharmonia de Zúrich, con una pasmosa ductilidad, a caballo entre la delicadeza del tema de la entrada de Leonora en el convento, la intensidad del destino y los momentos corales. Luisi fue el auténtico salvador de un barco escénico a la deriva y consiguió que, a pesar de ser unos de los puntos más flacos de la temporada, se mantuviera cierto sabor dulce y para el recuerdo.
Vocalmente hubo un poco de todo, pero nunca se llegó a la excelencia. La que mejores condiciones vocales presentó fue la Leonora de Hibla Gerzmava, que debutaba en el rol. El timbre es precioso y el fraseo es impecablemente elegante, con un registro medio fantástico. Estuvo espléndida en la romanza “Me pellegrina ed orfana” y en la delicada “La Vergine degli Angeli”, pero le faltó algo de intensidad en la gran página “Madre, pietosa vergine”. El registro agudo sonó algo estridente y no consiguió culminar en pianísimo del Sib de “Invan la pace”, de su tercera aria. Christof Fischesser (Calatrava/Guardiano) tuvo una prestación muy sólida, sobre todo en el dúo con Leonora, en el que demostró un buen hacer y elegancia e intencionalidad. Al Carlo de George Petean, de línea siempre muy elegante y de buen decir, le faltó intensidad verdiana y anchura de voz, además emitir agudos proyectados desde atrás y engolados. Estuvo bien en “Urna fatale”, sobre todo porque Petean resuelve bien sus carencias con intuitiva musicalidad. Marcelo Puente (Alvaro) pudo terminar la ópera sin ningún accidente, y eso ya es mucho. Sí que el rol es de los más difíciles del repertorio, pero Zúrich debería poder aspirar a cantantes de mayor calidad en roles protagonistas. Puente tiene buen gusto y sensibilidad para frasear y cantar con sentimiento, y estuvo francamente bien en “Solenne in quest’ora”, gracias a un registro medio muy bonito, pero se estrelló en “O tu che in seno agli angeli”, con un desagradable vibrato y falta de proyección de los agudos. Incomprensible traer de Estados Unidos a J’Nai Bridges (Preziosilla/Curra), con una dicción ininteligible, técnica y proyección deficientes; eso sí, entregada a la escena como nadie.  * Albert GARRIGA