67º Festival Internacional de Música y Danza de Granada
Recital Patricia PETIBON
Obras de Debussy, Fauré, Falla, Rodrigo, Turina, Bernstein y otros. Susan Manoff, piano. Palacio de Carlos V, 28 de junio de 2018.
 
Patricia Petibon, en su recital en el Palacio de Carlos V © Festival de Granada / José Albornoz
 
El cartel de la 67ª edición del Festival de Granada centraba la atención, el jueves 28, en el recital de la soprano francesa Patricia Petibon junto al piano de Susan Manoff, una actuación de amplios horizontes inspirada en el repertorio ibérico y francés con incursiones al otro lado del Atlántico; un programa ambicioso conectado al hilo de esta edición del festival granadino, con la expansión y recepción de la influencia española como reclamo. Probablemente no haya un escenario que sintetice todas estas sinergias como es el conjunto de la Alhambra y el auditorio porticado del Palacio de Carlos V.
La puntualidad siempre distingue y con un lleno hasta la galería hacían su aparición soprano y pianista para iniciar este esperado recital en el que lo formal y lo jocoso pudieron tutearse. Nota esta última que, acertada o ensombrecida según el punto de vista, no dejó indiferente a nadie. En algunos casos rayó lo absurdo e innecesario mientras que en otras –contadas– tendría la consideración de complemento. En cualquier caso, la cita era la de un recital de canto y piano y no tanto una puesta en escena con el piano como caja mágica. Hubo demasiado espectáculo enmascarando el dominio canoro de Petibon, tanto que casi hizo olvidar el Debussy o Bacri que abrían el primer bloque de la velada, momento para destacar los volúmenes oscilantes que singularizan a la cantante francesa, quien posee un instrumento vocal generoso que le permite abarcar un arco estilístico temporal holgado con predilección por el repertorio barroco, sin olvidar que en la mélodie gala es sin duda una referencia. La soprano remataría su propuesta con Satie y el irresistible Voyage à Paris de Poulenc encarnando la idea de “poesía obediente” que señalaba María del Ser en sus notas al programa.
Fragilidad cristalina y un gusto musical decididamente acompañado por el piano de Manoff definieron el bloque dedicado a las canciones de Rodrigo, Obradors y Turina. Una vuelta más para un repertorio que toma como guía segura a Victoria de los Ángeles y que Petibon hace propio con naturalidad, a fuerza de destacar el valor textual sobre las que fueron construidas. En la cara opuesta se situarían los guiños a Villa-Lobos y Mignone, algo forzados. Quedó para el recuerdo la rotunda “Allí está riyendo” de La vida breve de Falla, que postula a la soprano gala como autoridad en el catálogo del maestro gaditano.
Páginas de Granados, un inolvidable Guastavino y –abriendo la segunda parte del recital– nuevamente Debussy sirvieron de pórtico a La Bonne Cuisine de Bernstein, página inclinada hacia la puesta en escena e interpretación actoral que singularizan los recitales de Petibon. Obviamente pueden ser consideradas más o menos indicadas –ya cada cual se rasgue las vestiduras a discreción–, pero lo que sí está claro es que en ocasiones la intención no alcanza las metas.  * Alejandro FERNÁNDEZ