Teatro alla Scala
Bellini IL PIRATA
Sonya Yoncheva, Piero Pretti, Nicola Alaimo. Dirección: Riccardo Frizza. Dirección de escena: Emilio Sagi. 29 de junio de 2018.
 
Piero Pretti, Sonya Yoncheva y Nicola Alaimo, intérpretes principales de Il pirata en Milán © Teatro alla Scala / Brescia e Amisano 
 
Volvió Il pirata a La Scala después de 60 años… Y estalló el escándalo, previsible y en buena parte organizado. La inquina de parte del gallinero scaligero, no pudiendo desfogarse con la protagonista, una excelente Sonya Yoncheva –dotada de voz, temperamento y presencia excepcionales–, protestó durante los saludos finales ante el barítono Nicola Alaimo y los autores de la vertiente visual del espectáculo –una coproducción con el Teatro Real de Madrid y la Ópera de San Francisco–, el regista Emilio Sagi, el escenógrafo Daniel Bianco, la autora del vestuario Pepa Ojanguren y el iluminador Albert Faura, sin olvidar hasta al el director, el italiano Riccardo Frizza, experto en el estilo.
El montaje, en su decorosa neutralidad, pertenece al género que se conoce con el calificativo de “no molesto” pero que en definitiva no contentó a nadie. Sagi presentó un drama burgués jugando un poco con la psicología de los personajes y reservando para Imogene el rol de auténtica protagonista y eje del equilibrio dramático, núcleo en definitiva del melodrama y sobre todo en el aspecto musical.
El caso de Nicola Alaimo fue un poco sorprendente. Cierto es que la parte del Duque de Caldara no le sienta como un guante como ocurre con la de Falstaff, pero cantó bastante bien durante toda la función y si en algún momento se vio superado por la orquesta y la vehemencia de los otros solistas, cabía esperar que en las sucesivas representaciones alcanzara el éxito. Al maestro Frizza algunos le reprocharon la vivacidad de algunos tempi en contraste con otros de mayor lentitud; otros, la falta de tensión o de ritmo: habría que ponerse de acuerdo, en cualquier caso. El caso es que la impresión que Frizza brindó en el teatro fue la de un director seguro que mantuvo la solidez imprescindible, especialmente en los pasajes de conjunto que cierran el primer acto, y apoyó siempre a las voces. En una ópera como esta, de melodías lunghe, lunghe, no se puede pedir mucho más.
Entre los intérpretes hubo dos triunfadores de la velada. En primer lugar, el tenor Piero Pretti, de voz vibrante y segura, hábil en el fraseo y de óptimo temperamento escénico; si al principio un pequeño inconveniente en las agilidades de la cabaletta pudo ofrecer alguna duda sobre su prestación, en el curso de la representación fue afirmándose hasta alcanzar una escena final de gran entidad tanto musical como escénica. A la Yoncheva se le ha acusado de “hacer la Callas”. Puede ser, pero, ¿cuál fue el resultado? Excelente, tanto en el aspecto visivo como por su imperiosa vocalidad, rica y bien proyectada en el registro agudo; con su escena final desautorizó, en cualquier caso, todo posible prejuicio y el teatro la aclamó hasta tal punto que si había alguno en la sala con el silbato preparado debió guardárselo en el bolsillo.
Muy bueno el rendimiento del coro preparado por Bruno Casoni y magnífico el de la orquesta, completando el reparto de solistas vocales de modo digno el Itulbo del tenor de Salerno Francesco Pittari, la atenta Adele de la mezzosoprano Marina De Liso y el muy prometedor bajo Riccardo Fassi en elpapel de Goffredo, el Solitario.  * Andrea MERLI