Festival de Glyndebourne
Debussy PELLÉAS ET MÉLISANDE
Christopher Purves, Christina Gansch, Karen Cargill, Richard Wiegold, John Chest, Chloé Briot. Dirección: Robin Ticciati. Dirección de escena: Stefan Herheim. 30 de junio de 2018.
 
Stefan Herheim se encargó de la dirección de escena de Pelléas et Mélisande en Glyndebourne © Festival de Glyndebourne / Richard Hubert Smith 
 
Como era de esperar la nueva producción del noruego Stefan Herheim dividió al público (y a la crítica). Esta obra misteriosa es difícil de comprender, y si se le agrega una dosis de simbolismo y subplots puede llegar a irritar si el espectador no entra de inmediato en la propuesta. Herheim presentaba la obra através de Golaud, un personaje introvertido que no entendía lo que sucedía alrededor suyo, que era incapaz de crear pero que reaccionaba frente al arte cuando lo veía terminado. Este Golaud proyectaba sus sentimientos, temores y prejuicios a toda la acción, y así los roles adquirían una dimensión imprevista: Pelléas y Mélisande eran mucho más simpáticos y vivaces a la vez que directos, satisfaciendo las fantasías del inseguro Golaud.
Para hacer triunfar a este rol de esta forma se contó con un cantante descomunal, Christopher Purves, que hizo de Golaud un hombre carcomido por su propia inseguridad y las visiones que la alimentaban, un hombre que daba pena y que reaccionaba con sorpresa y violencia frente a una acción que no podía ni controlar ni comprender. Christina Gansch fue una Mélisande vital, de canto dulce, lo opuesto a Golaud, pero fiel a su manera a él. John Chest completó el triángulo con un Pelléas artista, que, a través de los ojos de Golaud, pintaba imágenes de Mélisande desnuda que le horrorizaban y enfurecían, en una especie de masoquismo. Chest destacó por una voz juvenil, bella y fluida. Richard Wiegold cantó un resonante Arkel desde un costado del escenario, mientras el indispuesto Brindley Sherratt lo actuaba con convicción. Karen Cargill, de voz clara e imperiosa, completó un excelente elenco que se movió con precisión.
Los decorados de Philipp Fürhofer ubicaban la acción en la sala del órgano en el mismo Glyndebourne, y los espectadores que entraban al final eran una réplica de los mismos espectadores que ocupaban los asientos. Robin Ticciati dirigió la London Philharmonic Orchestra con tempi rápidos, suaves y transparentes, dejando que la música fuera también protagonista. Agréguese una tarde con mucho sol y la belleza de la campiña y no habrá forma de competir con este festival.  * Eduardo BENARROCH