Arena de Verona
Puccini TURANDOT
Anna Pirozzi, Gregory Kunde, Vittoria Yeo, Francesco Pittari, Marcello Nardis, Federico Longhi, Giorgio Giuseppini, Gianluca Breda. Dirección: Daniel Oren. Dirección de escena: Franco Zeffirelli. 30 de junio de 2018.
 
Anna Pirozzi y Gregory Kunde debutaron los roles de Turandot y Calaf en Verona © Arena de Verona / Foto Ennevi 
 
Volvió Turandot a la Arena y lo hizo en el fastuoso marco de la escenografía y la dirección de escena de Franco Zeffirelli estrenada en 2010, ahora ya un must en la programación del festival veronés. El efecto óptico, cuando en el segundo acto se abre la “ciudad prohibida” de Pekín, provoca el irrefrenable aplauso del público, que una vez más se apretujaba en todas y cada una de las localidades disponibles en gradas y platea. El magnífico y rico vestuario lleva la firma de Emi Wada, la hermosa coreografía es de Maria Grazia Garofoli y el lighting design –así lo mencionaba el programa de mano– lo firma Paolo Mazzon. Cuesta trabajo imaginarse una Turandot más bella y más adecuada para el espacio de la Arena.
Si la vista recibía su compensación otro tanto podría predicarse de la vertiente exquisitamente musical, en especial gracias a la dirección de Daniel Oren, para quien esta partitura, que siente con especial convicción, no tiene secreto alguno. La orquestra, que mostró hallarse en plena forma, y el coro, perfectamente preparado por Vito Lombardi –el de niños, por Marco Tonini–, contribuyeron decisivamente al éxito de la representación, que había sido confiada, además, a un reparto de máximo nivel.
Había gran expectación ante el debut en sus respectivos papeles de Anna Pirozzi y Gregory Kunde, y a fe que no decepcionaron. La soprano, después de cantar Aida, ha incorporado a la Princesa de hielo con sensibilidad, gusto y perfecta línea musical; lo que se admira de Pirozzi, además de sus poderosos medios vocales, con el centro en primer lugar, es la capacidad que demuestra para controlar hasta el último matiz y graduar las dinámicas, desde el fortissimo al pianissimo sin que la voz pierda calidad, apoyo o afinación. La soprano obtuvo un triunfo personal, con el público puesto en pie, que no pudo ser más merecido.
Triunfo también para Kunde, nacido en 1954 en Illinois y en activo desde 1978. Es sencillamente asombroso comprobar los resultados a que ha llegado su carrera a sus 64 años. Hace poco más de un mes cantaba Norma en Bilbao y seguidamente Manon Lescaut en Barcelona, antes de imponerse con este Calaf, siempre ante el juicio favorablemente unánime de un público que le adora (y de la crítica). La voz es sólida y brillante en el registro agudo y el fiato conserva una fiabilidad absoluta; obviamente, adoptó la variante aguda del finale secondo con la ascensión al Do. La vehemencia del enamorado quedó perfectamente reflejada en un “Nessun dorma” que tuvo que bisar ante la sorpresa del tenor, que confesó que era la primera vez que repetía una página en toda su carrera.
Una perla preciosa fue la contribución de la soprano Vittoria Yeo, una intensa y vibrante Liù. Giorgio Giuseppini (Timur) también tuvo su récord particular con la ovación que saludó su frase final. Muy bien los tres ministros con el Pong de Francesco Pittari –que alternaba estas funciones con las de La Scala, donde interpretaba a Itulbo de Il pirata–, el Pang de Marcello Nardis y sobre todo el Ping de Federico Longhi, que domina el terceto con su limpia vocalidad baritonal. Adecuados el Mandarín de Gianluca Breda y el grito de agonía del Príncipe de Persia en la voz de Ugo Tarquini. * Andrea MERLI