Opéra National de Lyon
Mozart DON GIOVANNI
Philippe Sly, Julien Behr, Antoinette Dennefeld,  Kyle Ketelsen, Eleonora Buratto. Dirección: Stefano Montanari. Dirección de escena: David Marton. 25 de junio de 2018.
 
David Marton propuso una visión poco convencional de Don Giovanni en Lyon © Opéra National de Lyon / Jean Pierre-Maurin 
 
La temporada de la Ópera National de Lyon se cerró con esta nueva producción en la que David Marton, a través del personaje mítico de Don Juan, parece describir su escéptica visión del mundo actual y su “confusión de géneros”. Este montaje, y a pesar de su belleza y sobriedad, carece de una buena dirección de actores que hubiera permitido una mayor profundización de los personajes en toda la dimensión. Don Giovanni, decepcionado y débil, se mueve sin pasión ni erotismo por un decorado presidido por un lecho con baldaquín que simboliza al personaje. Su muerte se produce sin necesidad de banquete o de llamas infernales, con el Comendador representado por un niño (¿inocente?). Cada espectador puede evocar su propia experiencia, lo que daría lugar a interesantes debates. El papel de Don Ottavio –poco definido sexualmente en la mayoría de las puestas en escena– es aquí un hombre de negocios sin amor y sin estados de ánimo. Leporello es presentado desde el principio como un director de orquesta –y técnico de sonido–, lo que ya se acerca más a lo tradicional. Las mujeres carecen totalmente de empatía y ni Donna Anna, ni Donna Elvira ni Zerlina, frías e indiferentes, tienen el carácter que la partitura exige. Por suerte la escenografía pareció acorde a la visión de Marton con una hermosa austeridad, y la sutil iluminación respondía a la evolución de la obra, con el colorido de la boda, las máscaras y el gris oscuro que evoca una cripta.
Los cantantes presentaron todos ellos un nivel excelente, especialmente Eleonora Buratto (Donna Anna) con su timbre cálido y generoso y Antoinette Dennefeld (Donna Elvira), con un esmalte ligero y preciso. Julien Behr (Don Ottavio) correspondió de manera ideal a la visión de Marton y Kyle Ketelsen (Leporello) fue aquí un magnífico doble de Don Juan. En cuanto a Philippe Sly, protagonista que hizo anunciar una indisposición al principio de la velada, resultaba prácticamente transparente al interpretar un personaje que se movía sin sentido.
Pero, ¿y la música de Mozart? Por desgracia la magnífica obertura –que se agradece pueda oírse como en un concierto, sin imagen parasitaria que distraiga al oyente– resultó decepcionante por la falta de profundidad y de intensidad dramática en la versión de una aquí irreconocible orquesta de la Ópera National de Lyon. Esta frustración se mantuvo a lo largo del espectáculo, con un fraseo a menudo desordenado impuesto por un Stefano Montanari que impedía a los cantantes respirar y expresarse con libertad. ¿Sería el efecto del día del estreno? Indudablemente, después de varias representaciones, regresaría el placer musical.  * Teresa LLACUNA