Palau de Les Arts
Berlioz LA DAMNATION DE FAUST
Rubén Amoretti, Silvia Tro Santafé, Celso Albelo, Jorge Eleazar Álvarez. Pie de foto: El montaje de La damnation de Faust de Damiano Michieletto, premiado en Italia, pudo disfrutarse en Valencia © Palau de Les Arts / Miguel Lorenzo / Mikel Ponce Roberto Abbado. Dirección de escena: Damiano Michieletto. 20 de junio de 2018.
 
El montaje de La damnation de Faust de Damiano Michieletto, premiado en Italia, pudo disfrutarse en Valencia © Palau de Les Arts / Miguel Lorenzo / Mikel Ponce 
 
La damnation de Faust era el último espectáculo importante de la temporada 2017-18 en el Palau de Les Arts, la última de la era Livermore. La producción venía avalada por haber ganado el Premio Abiatti al mejor espectáculo en Italia, y motivos no faltan. Damiano Michieletto firma una producción original, sorprendente, intensa y coherente. Aquí Faust se aleja del mito de Goethe para ofrecer la historia de un hombre atormentado, víctima de acoso escolar y de un padre alcohólico que termina suicidándose. El director de escena plasmó su idea óptimamente; además, logró un eficiente sentido del ritmo escénico consiguiendo que el público se metiera en la propuesta; por ejemplo, en la escena de amor, llena de color frente al blanco omnipresente hasta el momento, en la que se recurre a la pintura El jardín del Edén de Lucas Cranach El viejo. Asimismo, la escena final, convertida en funeral y con las paredes de negro, consiguió transmitir una gran emotividad. Ahora bien, dicho esto, conviene señalar que pese a la interesante propuesta lo cierto es que no hace honor al mito de Faust, que queda diluido cuando no olvidado. Por ejemplo, recurrir a Adán y Eva en la escena de amor puede resultar atractivo, pero poco tiene que ver con un mito que se acerca más a las metamorfosis paganas que al Génesis.
Musicalmente fue de lo mejor de la temporada. En un programa dominado por el repertorio italiano, la orquestación de Berlioz permitió lucirse a la Orquestra de la Comunitat, que parecía contagiada de cierto entusiasmo. Roberto Abbado dirigió una versión luminosa y viva, de claros colores y texturas. El coro, en una obra como esta, puede lucir todas sus cualidades, si bien en esta ocasión faltó algo de precisión, probablemente al dividir el coro entre el foso y la orquesta, decisión que no se acaba de entender. Excelentes la Escolanía y la coral Veus Juntes en la escena final para las voces blancas.
Tres grandes cantantes españoles constituyeron el trío protagonista. Silvia Tro Santafé fue una magistral Marguerite gracias a su solidez y seriedad musical de un rigor exquisito; la cantante valenciana demostró un profundo conocimiento del papel y un notable buen gusto, consiguiendo el máximo de sus medios vocales. Celso Albelo fue un Faust tan brillante como lírico; el tenor canario destacó especialmente por la facilidad para el agudo pudiendo llegar al Do sostenido que exige la partitura con increíble facilidad y capacidad para las dinámicas, fuera en piano o forte, todo ello en voz y sin recurrir al falsete; además volvió a hacer gala de un exquisito sentido del fraseo. Para dominar del todo este complejo papel, que aquí lo debutaba, solo le falta asentar algunos detalles expresivos. Rubén Amoretti, el bajo que fue tenor, sorprendió por la claridad de su línea de canto debido a una colocación de la voz que le permite articular el legato con facilidad y dibujar con claridad las frases, pese a que rompa un poco con la idea tradicional que hay de este papel; además, física y actoralmente es un Mefistopheles idóneo. Eso sí, le faltó una mayor precisión en el entendimiento con la orquesta en algunas partes como en sus breves arias.
El reparto se completó con el bien intencionado Brander de Jorge Eleazar Álvarez, miembro del Centre de Perfeccionament Plácido Domingo de Les Arts.  * César RUS