Teatre Principal
Bellini NORMA
Yolanda Auyanet, Sergio Escobar, Ketevan Kemoklidze, Wojtek Gierlach, Inma Hidalgo, Antoni Lliteres. Dirección: Andrés Salado. Dirección de escena: Lorenzo Amato. 6 de junio de 2018.
 
Yolanda Auyanet encarnó a Norma en Palma de Mallorca © Teatre Principal / Elena Rotger 
Brillante fin de temporada el del Teatre Principal con esta representación del capolavoro del catálogo belliniano que ya presagiaba gran espectáculo bajo los nombres de la pareja formada por Ezio Frigerio y Franca Squarciapino en la parte escenográfica y de vestuario. Los augurios se cumplieron  también gracias al trío protagonista, que en esta obra debe responder con medios vocales importantes y equilibrados: tal fue el caso. La soprano canaria Yolanda Auyanet responde a todos los cánones clásicos de la gran sacerdotisa por volumen, línea belcantista y por el retrato psicológico del personaje; es verdad que su zona aguda adolece de alguna dureza que la cantante incorpora dramáticamente.
Buena replica la de Sergio Escobar quien, después de ciertos titubeos en su entrada –teniendo en cuenta que su cabaletta es con repetición y variaciones que no es poco–, fue conformando a través de la función un muy buen Pollione. La más completa del trío protagonista fue sin duda Ketevan Kemoklidze, de agudos sopraniles, graves profundos y una línea que le permite hasta alguna messa di voce de gran calado dramático; en definitiva, una Adalgisa completa y de categoría oro en el bel canto, una cantante que recuerda a las grandes voces de la historia de la lírica.
Una vez que el trío protagonista garantiza una buena función, si los secundarios les acompañan es cuando se llega a la excelencia. Wojtek Gierlach fue un Oroveso de buenas cualidades , canto elegante y línea consistente; quizás un poco más de volumen redondearía una buena voz de bajo. Muy eficaces en sus papeles Antoni Lliteres e Inma Hidalgo, con buena presencia vocal y excelente hacer dramático.
Sorprendente la escenografía de Ezio Frigerio basada en proyecciones en tres dimensiones muy espectaculares, y un tanto decepcionante, por lo mucho que se espera, el vestuario de Squarciapino. La dirección de escena estuvo aderezada con un buen movimiento de actores  responsabilidad de Lorenzo Amato.
El coro tuvo una muy buena noche, atento al canto al tiempo que supo evolucionar por la escena. La orquesta sonó de fábula en sus momentos en solitario y como un colchón firme y a la vez cómodo a la par que elegante por el que transitaban las voces sin aparente esfuerzo. Un gran bravo con nota de excelente para Andrés Salado, batuta mágica absoluta y sin reservas. Es de esperar que la próxima temporada reserve más funciones como esta.  * Pere BUJOSA