The Royal Opera – Covent Garden
Wagner LOHENGRIN
Klaus Florian Vogt, Jennifer Davis, Christine Goerke, Thomas J. Mayer, Georg Zeppenfeld, Kostas Smoriginas. Dirección: Andris Nelsons. Dirección de escena: David Alden. 7 de junio de 2018.
 
Jennifer Davis y Klaus Florian Vogt protagonizaron Lohengrin en Londres © Royal Opera – Covent Garden / Clive Barda 
Un pueblo gris, abatido por la guerra, encuentra un héroe que le da esperanza; lo recibe con los brazos abiertos y está listo para someterse a su guía. Pero este pueblo cree que el fascismo satisfará al protagonista y lo festeja con banderas de color rojo y negro al estilo nazi, con cisnes en lugar de esvásticas. Solo la oportuna intervención de Elsa consigue que el héroe rehúse a conducir a este pueblo, pero queda la pregunta: ¿qué hubiera hecho este Lohengrin si Elsa no le hubiera hecho la pregunta? Los decorados gigantescos del escenógrafo Paul Steinberg mostraban una ciudad semidestruida, edificios altos, andamios y en el segundo acto un monumento al cisne que rememora al de la batalla de las naciones en Leipzig. Aquí el Rey Enrique es un timorato que trata de ayudar a Elsa;  el par de villanos, muy villanos y extravertidos; el Heraldo ha sobrevivido la guerra pero muy herido, brazo y pierna izquierdas en cabestrillo; solo Elsa es un personaje normal que surge de una celda subterránea mientras que Lohengrin aparece sentado sobre el escenario, vestido de blanco. A pesar de algunas incoherencias, la nueva producción de David Alden deja la narración intacta y la acción fluye bien y hasta posee humor, especialmente en la figura dubitativa del Rey Enrique.
En todo caso, lo que consiguió que esta función se elevara por encima de la régie fue el elenco. Un reemplazo de último momento hizo que el debut de Jennifer Davis como Elsa fuera un triunfo: la voz es lírica, plena, de color bello y con facilidad de expresión, y pudo con las indicaciones rítmicas específicas al rol. Cuando debió usar más volumen la voz no perdió ni color ni intensidad, y se le augura un muy buen futuro. No hay muchas de estas voces hoy en día. Klaus Florian Vogt cantó un Lohengrin distinguido, refinado, atractivo; su creación fue siempre creíble, su canto posee emoción aunque es posible que el estilo aniñado no sea del gusto de todos, pero es un intérprete de gran valía.
No tan convincente resultó el exagerado Telramund de Thomas J. Mayer, que hubiera necesitado un poco más de sutileza. La voz de Christine Goerke tampoco está en su mejor momento: su Ortrud fue como una señora malvada pero nunca se elevó al aspecto sobrenatural. En cambio Georg Zeppenfeld hizo una creación inmensa como el Rey Enrique, un hombre inseguro que portaba su corona todo el tiempo; su voz dio lecciones de dicción y fraseo. Como el averiado Heraldo destacó Kostas Smoriginas.
Desde el cambio de director, el coro de esta casa ha adquirido un sonido duro y estridente; una pena, ya que con Renato Balsadonna era casi perfecto. Finalmente, la dirección de Andris Nelsons elevó el rendimiento de una buena orquesta a niveles muy superiores. Hacía mucho tiempo que no se escuchaba una interpretación tan acabada: su lectura tuvo grandeza, fraseo, distinción sonora y, si bien por momentos la orquesta no pudo con sus demandas, Nelsons demostró que es uno de los mejores directores desde hace años.  * Eduardo BENARROCH