Concurso Hans Gabor Belvedere
Final del concurso
O. del Festival de Jürmala.  Dirección: Ilmars Lapins. 10 de junio de 2018.
 
Los tres primeros clasificados del evento fueron coreano Sungho Kim, Georgios Alexandros Stravrakakis  y Pavel Petrov © Concurso Hans Gabor Belvedere 
 
La costera población báltica de Jürmala, a una media hora de la capital letona, Riga, sirvió como marco para la celebración de la 37ª edición de uno de los concursos de canto más prestigiosos del mundo, el Hans Gabor Belvedere, que desde hace unos años decidió cambiar cada edición de sede. Si en 2017 el marco fue el Helikon de Moscú, las próximas ediciones aterrizarán en el estado austríaco de Carinthia, como apertura y celebración del 50º aniversario de su festival de verano, y, en 2020, en el Teatro Real de Madrid. Precisamente el director artístico del coliseo madrileño, Joan Matabosch, formó parte del jurado de esta edición, que contó con más de 1.125 participantes de 78 países, de los cuales 147 pasaron a la semifinal y 16 consiguieron llegar a la última prueba. Nivel general muy alto el de estos cantantes que consiguieron llegar a la final, con preeminencia de las voces masculinas. El podio de ganadores lo coparon el tenor coreano Sungho Kim (28años), el bajo griego Georgios Alexandros Stravrakakis (30) y el tenor bielorruso Pavel Petrov (27 años).
El concierto de finalistas, que tuvo lugar en la preciosa sala de estilo art-déco báltico Dzintaru, se inició con la obertura de Le nozze di Figaro, con la batuta algo precipitada y sonora de Ilmars Lapins y la orquesta del Festival de Jürmala. Después de los discursos de rigor del alcalde de Jürmala y de Isabella Gabor –heart and soul del concurso– se dio paso a las intervenciones solistas.
En primer lugar entró pisando fuerte la sudafricana Frances Du Plessis (25), que interpretó “C'est des contrebandiers... Je dis que rien ne m'épouvante” de Carmen, con una interesante e importante voz de soprano lírica, muy bien proyectada y con bonitos portamenti, pero con un dudoso fraseo, cortando donde no debiera, y con falta de elegancia. Le siguió el tenor russo Shota Chibirov (29), con una irregular interpretación de “La donna è mobile” que le trajo más de un accidente en cuanto a la afinación y al ataque de ciertas notas. El barítono mexicano Jorge Antonio Espino (27) interpretó “Oh Carlo ascolta... Io morrò” del Don Carlo verdiano, con un elegante canto legato y excelente musicalidad e intención. Sin embargo, acusó una proyección algo engolada que le restaría brillantez, además de un vibrato demasiado marcado. Pero sus puntos fuertes le valieron para recibir un contrato para la Deutsche Oper am Rhein Düsseldorf. Seguidamente llegó el turno de otro barítono, el sudafricano Martin Mkhize (30), que con una voz de color homogéneo y carnoso, además de un buen fraseo, gustó en el “Eri tu” del Ballo in maschera de Verdi, a pesar de una interpretación con falta de intensidad, como en “il sangue tuo” del recitativo, o algún problema en la afinación. El tercer barítono de la velada, Zachariah Njoroge Kariithi (31) de Kenya, decidió repetir la misma aria de Don Carlo que su compañero mexicano, y como en el caso de Espino hizo gala de canto legato elegante, pero que no terminó de convencer en cuanto a intencionalidad; además, le costó superar en ocasiones a la decibélica orquesta.
Emocionó por su exquisita musicalidad, bellísimo y homogéneo timbre, control del fiato y elegante fraseo Boris Stepanov (31), con un sentido “Kuda, kuda vi udaljilis” de Evgeni Onegin. Y es que el tenor ruso no arriesgó en un repertorio que le va como anillo al dedo, y conquistó el reconocimiento del jurado de la prensa, que estuvo algo dividido entre Stepanov y Stavrakakis. “Madamina, il catalogo e questo” de Don Giovanni sirvió al bajo rumano Baniamin Pop (27) para mostrar su sutileza y estilo mozartiano, además de una muy buena proyección; sin embargo tuvo algunos problemas con una dicción poco italiana y un registro agudo abierto y engolado. La soprano brasileña Camila Titinger (29) gustó mucho en la página “E Susanna non vien...Dove sono” de Le nozze di Figaro por un elegantísimo canto legato que se tradujo en un recitativo y aria magníficos y aristocráticos; lástima de un registro grave algo airoso y de alguna irregularidad en la cabaletta. Por su parte, el barítono italiano Biagio Pizzuti (31), que interpretó “Hai già vinta la causa...Vedrò mentri' io sospiro” de  las bodas mozartianas, agradó gracias a una impecable dicción –¡cómo no!–, control técnico y proyección, a pesar de un timbre algo impersonal. Una teatral versión de “Il était une fois à la cour d’Eisenach” de Les contes d'Hoffmann le valió al tenor ruso Andrei Danilov (30) el premio otorgado por el Bolshoi de Moscú, e hizo gala de trompeteantes y espectaculares agudos, muy bien colocados, y una voz de cierta belleza, aunque le faltaría pasión y algo de sentido musical. Despertó el entusiasmo del público la soprano australiana Emma Moore (31) con una versión poco personal –de hecho, algo replicada– de “Depuis le jour” de la Louise de Charpentier. Poseedora de una voz de bello timbre, importantes recursos y bien proyectada, hizo gala de cierto refinamiento interpretativo a pesar de un vibrato demasiado acentuado y algún problema de afinación.
Pavel Petrov, ganador del tercer premio y el más joven del palmarés, sorprendió con una “Che gelida manina” de La bohème con un canto muy natural, sin proyecciones forzadas ni artificiosas, con agudos atacados con facilidad y brillantez y con una cálida italianità que también le valió un contrato para la Festliche Operngala de Berlín. Se presentó con un impactante y personalísimo timbre, de color cavernoso y graves muy sólidos el bajo griego Georgios Alexandros Stavrakakis, que se erigiría con el segundo premio gracias a una emotiva y muy musical “Ella giammai m'amó” que despertó también el interés del responsable del Teatro Real, que le otorgó un contrato para sus próximas temporadas. La mezzosoprano Deniz Unzun (30), miembro de la compañía de la Opernhaus de Zúrich, se presentó con una sólida “Cruda sorte” de L'Italiana in Algeri de Rossini en la que mostró un excelente control de la coloratura y buena proyección, además de sólidos graves y agudos bien proyectados. Todo ello le valió el reconocimiento de la Deutsche Oper de Berlín, que la premió con un contrato para las próximas temporadas.
Con una perfectamente ejecutada “Povero Ernesto... Cercherò lontana terra” de Don Pasquale Sungho Kim conquistó al jurado y se hizo con el primer premio y con el contrato de la Semper Oper de Dresde. Un elegante fraseo belcantista, amén de una excelente proyección y un brillante agudo, no escondió cierta impersonalidad interpretativa y musicalidad algo plana. Pero ya se sabe, en estos concursos no siempre se premia la singularidad, si no la perfección, y Kim la tuvo a raudales. Finalmente, el benjamín de la final, el barítono Jaka Mihelac (24), cerró el programa con “Avant de quitter ces lieux” de Faust y dejó entrever una voz de calidad y con intuición interpretativa; pero hacerse con esta ópera no es moco de pavo y el joven cantante esloveno acusó de cierta superficialidad interpretativa y una dicción francesa poco inteligible.
El concierto concluyó con una mecánica obertura del Signor Bruschino de Rossini y la repetición, idénticamente perfecta, del ganador con el Ernesto donizettiano.  * Albert GARRIGA