Opéra de Lausanne
Verdi SIMON BOCCANEGRA
Roberto Frontali, Maria Katzarava, George Andguladze, Andeka Gorrotxategi, Benoît Capt, Alexandre Diakoff, Tristan Blanchet, Myriam Bouhzada. Dirección: Salvo Sgrò. Dirección de escena: Arnaud Bernard. 3 de junio de 2018.
 
Arnaud Bernard firmó la puesta en escena de Simon Boccanegra en Lausana © Opéra de Lausanne / Alan Humerose
 
El estreno de la última producción de la temporada se vio algo enmarañado debido al anuncio, unos minutos antes de subir el telón, del ingreso en urgencias del maestro Stefano Ranzani, aquejado de una peritonitis que le forzó a cancelar todas las funciones. Ello obligó al director del coro de la ópera, Salvo Sgrò, a tomar la batuta de este Simon y se tradujo en los consecuentes nervios que marcaron una versión pesadamente lenta, poco cuidada en cuanto a fraseo y carente de brillantez. Pero es que la papeleta de Sgrò no era nada fácil y a pesar de los pesares hubo Simon Boccanegra, con destellos italianizantes y con algunos momentos de cromatismo verdiano. Por ello puede pensarse que en condiciones normales Sgrò hubiera sido un correcto director, en vez de ser un mero salvador de la situación. Además, la orquesta de Lausana es de las formaciones más sólidas del país helvético, muy dúctil en cuanto a repertorios; el sonido suele ser cuidado, desde las cuerdas a los metales, hecho que apoyaría positivamente a llevar a buen puerto la función. 
 
La realista y funcional producción firmada por Arnaud Bernard no aportó ningún discurso teatral nuevo, siendo fiel a la historia y a la ubicación temporal y geográfica, pero convencional en cuanto a dramatismo y en general con un cierto tufo a naftalina. Tampoco ayudó un vestuario a medio camino entre lo funcional y lo absurdo, destacando el outfit de Fiesco, que bien podría haber salido de un espectáculo de variedades japonesas.
 
Maria Katzarava debutaba en el rol de Amelia Grimaldi / Maria Boccanegra y se apuntó un éxito artístico de primera línea: su interpretación dramática es a la antigua, con una gestualidad intensa, exagerada y con ciertos histrionismos que le venían de perlas a un estilo canoro también de otros tiempos. Dotada de un instrumento de gran belleza, carnoso y homogéneo, se mostró emotiva, intensa e inmensa en todo momento, sin reservar nada; pero también delicada y siempre atenta al fraseo y a una sutil musicalidad, como en “Come in quest'ora bruna”.
 
Por su parte, el veterano barítono italiano Roberto Frontali hizo un Simon de mucha calidad en cuanto a entrega y concepto musical y dramático. Su voz acusa el paso de los años y en las escenas de mayor gallardía quizás no tuvo la fuerza requerida, como en “Plebe!, Patrizi!”, pero compensada con la intencionalidad de los momentos de mayor intimidad, como la sentida escena de la muerte. George Andguladze (Fiesco) no posee la profundidad de voz requerida para este rol y acusó de una proyección demasiado engolada, además de una interpretación, en general, bastante plana, pasando su “Il lacerato spirito”, sin pena ni gloria. El joven tenor vasco Andeka Gorrotxategi realizó un buen debut como Gabriele Adorno, dejando huella de una voz de interesante color, sobre todo en el registro medio y con cierto squillo, aunque acusó, en algún momento, brusquedad y falta de elegancia, muy patente sobre todo en “Sento avvampar nell'anima”. El barítono suizo Benoît Capt (Albiani) resultó del todo olvidable, con una preocupante falta de proyección, dicción, afinación y fraseo, hecho que le propinó más de algún accidente durante sus intervenciones.  * Albert GARRIGA