Opéra Comique
Gounod LA NONNE SANGLANTE
Michael Spyres, Vanina Santoni, Marion Lebègue, Jérôme Boutillier, Jodie Devos, Jean Teitgen, Luc Bertin-Hugault, Engurrand de Hys, Olivia Doray. Dirección: Laurence Equilbey. Dirección de escena: David Bovée. 4 de junio de 2018.
 
La Opéra Comique recuperó del olvido La nonne sanglante de Gounod © Opéra Comique / Pierre Grosbois 
 
La Nonne Sanglante, segunda de las doce óperas de Charles Gounod, se estrenó en la Ópera de París con una producción muy costosa y un buen éxito en 1854. Fue presentada once veces y desapareció por completo de las salas por decisión unilateral e inapelable del nuevo director, monsieur Crosnier, que consideró el tema muy visto y muy vulgar. La obra no volvió a los escenarios hasta el 2 de junio de 2018… Crosnier tuvo sus razones para tomar tal decisión: el ingenioso libreto –del gran Eugène Scribe y de Germain Delavigne– trata de un fantasma ensangrentado, mezcla del Comendador y Doña Inés del Don Juan Tenorio de Zorrilla, que se pasea por las almenas de un castillo como el padre de Hamlet, por no citar los fantasmas teatrales más conocidos.
La partitura contiene una gran cantidad de bellas melodías, con colores y ritmos muy apropiados al ambiente lúgubre que pesa a lo largo de la historia, y su formato en cinco actos está muy bien equilibrado entre las partes orquestales, vocales y corales. Se brinda al protagonista masculino una importancia enorme y los demás roles quedan en definitiva también muy bien servidos. Perdónesele en cambio la introducción de ritmos ternarios en el obligado ballet, totalmente ajenos a la línea de la historia; Gounod tenía entonces 33 años y no pudo evitar el formato grand opéra que estaba entonces muy de moda.
David Bobée y su equipo trataron la obra de la única manera en la que podía serlo: muy en serio. Presidió el color negro tanto en la escenografía –el propio Bobée y Aurélie Lemaignen– como en el vestuario (Alain Blanchot), salpicado aquí y allá de blanco y de rojo –el sudario de la monja ensangrentada– por acentuar adecuadamente los contrastes. La dramaturgia (Bobée y Laurence Equilbey) contribuyó no poco a crear el ambiente de violencia propicio a la atmósfera del drama.
Laurence Equilbey al frente de la Insula orchestra dio de la partitura una lectura inspirada y eficaz, que añadió vida y claridad al desarrollo de la acción y a los decires de los cantantes. Subráyese el valor musical y semántico de los concertantes por aumentar, en ciertos momentos, el peso específico del drama. El coro Accentus, dirigido por Christophe Grapperon, se sumó con ciencia y arte al rotundo éxito de la noche en cada una de sus intervenciones.
Sin menoscabo del valor de las actuaciones de todos los cantantes, destacó la actuación del americano Michael Spyres en el personaje de Rodolphe. Con un portentoso dominio de la lengua francesa, ofreció una dicción de gran claridad, al punto que hacía inútil la ayuda del sobretitulado. Emitió con timbre viril que tomaba carices suaves en los momentos de euforia amorosa; fue muy generoso en las partes agudas de la partitura, que alcanzaba una y otra vez con gran tranquilidad, economía de medios y afinación pasmosas. Enhebró sin cesar canciones, recitativos, dúos, tríos y todas las combinaciones vocales de la partitura, y se lució también en los concertantes de la obra.
A su lado brilló Vanina Santoni en el papel de Agnès, su fiel enamorada, que no anduvo a la zaga del tenor en potencia, claridad y justeza en sus decires. Dureza y resentimiento constante surgieron en los diálogos de La Nonne (Marion Lebègue) con Rodolphe, en particular. Mención especial mereció Jérôme Boutillier, que aprendió este día mismo el papel del Compte de Luddorf –dos canciones y múltiples diálogos con varios miembros del reparto– para remplazar en esta función a un André Heyboer enfermo. Jean Teitgen (Pierre l’Hermite) y Jodie Devos en el simpático rol del paje Arthur fueron muy justamente aplaudidos en esta espléndida noche parisina.  * Jaume ESTAPÀ