Gran Teatre del Liceu
Puccini MANON LESCAUT
Liudmyla Monastyrska, David Bizic, Gregory Kunde, Carlos Chausson, Mikeldi Atxalandabaso, Marc Pujol, Carol García, José Manuel Zapata. Dirección: Emmanuel Villaume. Dirección de escena: Davide Livermore. 7 de junio de 2018.
 
Gregory Kunde y Liudmyla Monastyrska protagonizaron Manon Lescaut en Barcelona © Gran Teatre del Liceu / Antoni Bofill 
 
La inteligente propuesta escénica de Davide Livermore juega con una gran sala en la Isla Ellis, puerta de entrada de cerca de una docena de millones de inmigrantes a Estados Unidos desde finales del siglo XIX hasta 1954. En el momento del cierre de esa icónica aduana y centro de detención y de cuarentena aparece un Renato Des Grieux anciano –el actor Albert Muntañola– recordando su llegada a ese país y la muerte de su amada Manon. Toda la propuesta arranca con este flashback que incide con notable fuerza en la trama y le da una visión más actual a la obra de Puccini. Livermore, autor de la escenografía junto al estudio de diseño milanés Giò Forma, sorprende utilizando el mismo espacio para los cuatro actos, pero con efectivos y rápidos cambios ofreciendo cuadros en ocasiones soberbios, especialmente en los tres primeros. Además este cambio de época le permite al regista modernizar algunos momentos de la ópera e impactar positivamente en el espectador,  como con la gran locomotora que sirve para huir a los amantes –en vez del carruaje– en el primer acto, con la entrada de un gran trasatlántico en el puerto de Le Havre para la deportación de Manon, e incluso la transformación del personaje del maestro de baile por un violento proxeneta del burdelesco palacio de Geronte di Ravoir.
Sorprendió también la pareja protagonista. El conocido y sexagenario tenor Gregory Kunde demostró, a pesar de su edad y de algunos pequeños problemas, que sigue siendo un referente como Des Grieux –uno de sus roles favoritos– con una voz potente, matizada y elegante a la que quizás le falte un punto de expresividad, como se pudo ver ya en la famosa aria del primer acto “Donna non vidi mai” o en el dúo del segundo junto a Manon “Oh, sarò la più bella!”. Por su parte, la soprano ucraniana Liudmyla Monastyrska derrochó temperamento y potente proyección canora en su debut como Manon Lescaut, ofreciendo una interpretación de gran empaque pero también algo falta de emotividad. Formaron una pareja de impacto, y ella se lució especialmente en la esperada aria final “Sola, perduta, abbandonata”.
Muy cuidado el resto del reparto, desde el siempre interesante Carlos Chausson –como el mezquino recaudador de impuestos– al adecuado Lescaut del barítono serbio David Bizic, sin olvidar al brillante Edmondo de Mikeldi Atxalandabaso y los sobresalientes comprimarios: el músico de Carol García, el farolero de Jordi Casanova y el, en este caso, violento maestro de baile de José Manuel Zapata.
Todos fueron arropados con profesionalidad por el director francés Emmanuel Villaume, que debutaba en el Liceu, y quien ofreció una lectura más grandilocuente y apasionada que expresiva, gracias al potencial de la pareja protagonista, aunque el resto del reparto quedase algo tapado en algunos momentos. Ofreció algunos pasajes, como el interludio del último acto, con gran detalle de matices y con unas proyecciones de fotografías de inmigrantes sobre el telón de gran emotividad. Muy destacada la labor del Coro del Liceu. Una producción que fue bastante  aplaudida, al igual que sus principales intérpretes, pero sin el entusiasmo de las grandes ocasiones.  * Fernando  SANS RIVIÈRE