CRÍTICAS

Opéra National de Lyon
Alexander Raskatov GERMANIA
Estreno absoluto
Michael Gniffke, Ville Rusanen, James Hryshak, Andrew Watts, Piotr Micinski, Gennady Bezzubenkov,Sophie Desmars, Elena Vassilieva, Miriam Sokolova, Karl Laquit. Dirección: Alejo Pérez. Dirección de escena: John Fulljames. 19 de mayo de 2018.
 
Dos detalles de la producción de John Fulljames para la première de GerMANIA en Lyon © Opéra National de Lyon / Stofleth 
 
Para la creación de una ópera inspirada en los horrores de la guerra sobre textos de Heiner Müller, el compositor Aleksander Raskatov (nacido en 1953 y que, por tanto, no vivió la II Guerra Mundial) ha tenido que inspirarse en su experiencia personal, ya que sí conoció las consecuencias del conflicto, que le marcaron profundamente. El libreto del propio Raskatov supone la encarnación de toda una serie de personajes históricos o anónimos, desde Stalin a Hitler, con un censo de hasta 16 papeles cantados o hablados, algunos de ellos desdoblándose en varios personajes. Los acontecimientos son narrados sin un orden cronológico estricto pero reflejan nuestras propias vidas y sensaciones, aun presentándose a menudo como un simple catálogo de sucesos sin acabar de encarnarse de manera firme.
La puesta en escena tuvo tanta suntuosidad como discreción, y siguió fielmente al discurso musical. John Fulljames escogió una escenografía única formada por una acumulación de ropas y de cadáveres situados sobre una plataforma en perpetua rotación que puede evolucionar gracias a unas inventivas proyecciones de vídeo y transformarse a voluntad.
Desde esta perspectiva no se ahorran al espectador ni los horrores de la guerra ni su salvajismo, insistiéndose en los detalles escabrosos, sádicos o antropófagos que sin embargo filtra un velo ara atenuar su realismo. Todo transcurría como en un sueño y por fortuna no faltaron algunos pasajes de humor negro e hiriente que, por otra parte, hubieran podido ir más allá, como en el caso de Hitler. En la segunda parte, texto y música adquieren una mayor unidad y densidad dramática, y el conjunto puede brindar un soberbio espectáculo gracias a la invención de la música y a unos cantantes excepcionales, en una bella puesta en escena, con un momento de gran espiritualidad en la secuencia final, con una plegaria judía cantada por un niño.
Raskatov destaca por el trabajo orquestal, con el que consigue la obtención de efectos y colores muy personales a través de una orquestación de auténtico alquimista del sonido –metales, percusión y alguna intervención de la madera– que proporciona sonidos insólitos que subrayan el texto con una tímbrica a veces inquietante que no rehúye una utilización muy personal de los terroríficos tritones del diabolus in música. La distribución por toda la sala de los instrumentos de metal o las alusiones a Wagner, a Mozart o a otros temas conocidos no son únicamente elementos decorativos sino que se funden con el conjunto de la partitura. El trabajo con las voces profundiza en las características psicológicas de los personajes a través de una escritura de extremo virtuosismo que exige de los cantantes prestaciones increíbles y se hace concreto en la escena de las tres mujeres, ejecutada con una precisión que admira en una página que parecería imposible de cantar.Tres artistas que en ese momento llegan a la más auténtica emoción.
Merecen el máximo elogio en este sentido tanto Sophie Desmars como Elena Vassilieva o la mezzo Miriam Sokolov, apreciación que debería extenderse también al Hitler de James Hryshak. Magníficos todos. El coro, exclusivamente masculino –¡bravo por los sobreagudos!– asumía la función de comentarista de los hechos y daba a la obra un carácter enigmático con su imperturbable estatismo, muy importante para la arquitectura del espectáculo, muy brillante pero sin acabar de profundizar en el tema principal. Alejo Pérez concertó magistralmente la función, contribuyendo decisivamente al buen resultado general.  * Teresa LLACUNA