CRÍTICAS

Metropolitan Opera
Puccini TOSCA
Anna Netrebko, Yusif Eyvazov / Najmiddin Mavlyanov, Michael Volle / Zeljko Lucic, Patrick Carfizzi, Brenton Ryan, Christian Zaremba. Dirección: Bertrand de Billy. Direción de escena: David McVicar.  21 de abril / 12 de mayo de 2018.
 
Anna Netrebko, Yusif Eyvazov y Michael Volle cantaron las partes de Tosca Cavaradossi y Scarpia, respectivamente, en las funciones de abril y mayo de este montaje en el Met © Metropolitan Opera 
 
La nueva producción de David McVicar, que viviera su estreno en la primera parte de la presente temporada, regresó con el singular propósito de otorgarle a Anna Netreko un tradicional espacio escénico para encuadrar la primera Tosca de su carrera. La convocatoria provocó una gran demanda de localidades, agotadas para todas las funciones por el expectante público neoyorquino, algo casi inaudito en las últimas temporadas. La diva rusa no defraudó desde el punto de vista de su fama y status de prima donna assoluta de la compañía, pero su encarnación de Tosca no llegó a convencer del todo aun cuando los recursos fueron puestos a su disposición, incluyendo positivos cambios en la regia y un diseño de vestuario más adecuado. Netrebko ignoró deliberadamente todas las tradiciones musicales y se mantuvo fiel a la escritura de la partitura; si bien estuvo correcta, la carencia de estilo y, más importante, de la indispensable italianità del rol fue en detrimento de su, por otra parte, muy aplaudida actuación.
 
Como su pareja en escena, su marido, el tenor Yusif Eyvazov, resultó más convincente interpretando a un bien estudiado Cavaradossi; si su instrumento no es de primerísima línea, no hay duda de que sigue mejorando, lo que puso de evidencia con seguros y largos agudos, que llenaron la sala con facilidad. Su actuación fue más tentativa que amorosa, a lo que se sumó una inexplicable –y lamentable– falta de química escénica con su pareja en la vida real.
En las funciones alternativas el debutante Najmiddin Mavlyanov fue más creíble como el heroico artista, quizá por su juventud, pero su lírica y atractiva voz de tenor se manifestó demasiado pequeña a pesar de manejarla con una inteligente técnica.
Scarpia estuvo interpretado con más fuerza que manía por Michael Volle –debutante en el rol– y por Zeljko Lucic, que se alternaron en la diversas funciones; ambos padecieron problemas de entonación, mostraron una emisión vocal inconsistente y realizaron una sobreactuación desequilibrada.
Patrick Carfizzi repitió su exageradamente patético Sacristano y Christian Zaremba, su vocalmente perturbado Angelotti. Los secuaces Spoletta y Sciarrone resultaron nuevamente inconsecuentes en las encarnaciones de Brenton Ryan y Christopher Job.
Tal vez lo menos acertado de las funciones fue la letárgica dirección musical de Bertrand de Billy. Las aplausos a lo largo de las representaciones fueron respetuosos, pero las ovaciones finales también incluyeron sonoros y dispersados abucheos.  * Eduardo BRANDENBURGER