CRÍTICAS

Washington National Opera
Rossini IL BARBIERE DI SIVIGLIA
Isabel Leonard, Taylor Stayton, Andrey Zhilikhovsky, Paolo Bordogna, Wei Wu, Alexandria Shiner, Christian Bowers, James Shaffran, Matthew Pauli. Dirección: Emily Senturi. Dirección de escena: Peter Kazaras. Kennedy Center, 5 de mayo de 2018.
 
Peter Kazaras trasladó la trama de Il barbiere di Siviglia al siglo XIX © Washington National Opera / Scott Suchman 
 
Una vez más sorprendió la uniformidad del elenco de voces elegidas. No lejos del listón tan alto que dejó el Don Carlo, la Washington National Opera (WNO) contó con un conjunto vocal de gran calidad musical y sorprendente resultado dramático. Todos y cada uno de los cantantes ofrecieron una cuidadosa caracterización de los personajes, consiguiendo una lectura fresca y divertida de la obra de Beaumarchais. Gran parte del protagonismo recayó en el debutante barítono moldavo Andrey Zhilikhovsy, quien tras una entrada rotunda y muy efectiva entre el público con el aria “Largo al factotum” dio pie a una actuación brillante como Figaro. Con su bellísima voz, la mezzosoprano Isabel Leonard, veterana en este escenario, encarnó a una encantadora, pícara y graciosa Rosina. Aunque un tanto relegado a un segundo plano en el inicio, el tenor Taylor Stayton dio vida al Conte Almaviva con asombrosa comicidad. El bajo-barítono Paolo Bordogna fue un competente Dr. Bartolo con un gran dominio escénico y solido desempeña vocal. Los excelentes resultados del programa de jóvenes cantantes Domingo-Cafritz que lidera esta institución quedaron a la vista con la actuación del ya graduado bajo Wei Wu, impresionante vocalmente y no falto de carácter como Don Basilio. En la misma línea, la soprano Alexandria Shiner suscitó espontáneos aplausos con el aria de Berta (“Il vecchiotto cerca moglie”) en el segundo acto.
Esta producción de la WNO dejó la prueba de que, a  más de dos doscientos años de su estreno en Roma en 1816, Il barbiere puede mantener toda su jocosidad y enganche en la trama. Bajo la dirección de Peter Kazaras, el público viajó en el tiempo a un teatro cualquiera, de los muchos que disfrutaron esta popular ópera de Rossini a principios del siglo XIX, y los decorados de Allen Moyer lo situaron en un teatro dentro del teatro, recreando con unos sencillos frescos una calle de Sevilla y la casa de Don Bartolo, todo muy a gusto de los más tradicionalistas. La coreografía de la barcelonesa Rosa Mercedes añadió el necesario entretenimiento en las escenas de embrollo, especialmente en el extraordinario final del primer acto.
Tal vez faltó para una noche rotunda el alto vuelo que puede y sabe ofrecer esta orquesta: se echó de menos la complicidad necesaria entre la directora Emily Senturia, por primera vez en el podio, que sustituó a Maurizio Benini.  * Esperanza BERROCAL