CRÍTICAS

Teatro Filarmonico
Donizetti ANNA BOLENA
Elena Mosuc, Annalisa Stroppa, Mirco Palazzi, Mert Sungu, Manuela Custer, Nicola Pamio, Romano Del Zovo. Dirección: Jordi Bernàcer. Dirección de escena: Graham Vick / Yamala-Das Irmici.  6 de mayo de 2018.
 
El Teatro Filarmonico de Verona recuperó el montaje de Anna Bolena de Graham Vick © Teatro Filarmonico / Ennevi 
Última representación en función de tarde de Anna Bolena en el Teatro Filarmonico de Verona. Poco hay que decir del espectáculo, ya visto hace once años, firmado por un Graham Vick de la primera época y sustancialmente tradicional. La fiel reconstrucción efectuada por Yamala-Das Irmici, asistente de regia en Verona desde 2012, puso de relieve sus méritos, con esa monumental estatuaria de figuras ecuestres y el rico vestuario de Paul Brown, que también figura en la dirección de escena, con el único límite del estatismo de las masas. Un montaje que tiene fluidez y se deja ver.
El interés principal residía en la excepcional  ejecución musical de la obra, garantizada ante todo por la ágil batuta del valenciano Jordi Bernàcer, un apoyo ideal para la escena, y por la versión prácticamente íntegra de la partitura, consiguiéndose el objetivo de que nunca bajara la tensión en la representación. Muy buena la prestación de la orquesta y del coro de la Arena, instruido este último por Vito Lombardi.
El reparto presentó un buen nivel, comprendidos los papeles de segunda fila como el Hervey del tenor Nicola Pamio o el Rochefort del bajo Romano del Zovo. Con la recuperación de las partes habitualmente cortadas, el papel de Smeton pasó a ser decisivo en el desarrollo de la acción y Manuela Custer ofreció un perfecto retrato del mismo tanto por la ejecución vocal como por la vertiente interpretativa. El tenor turco Mert Sungu posee la extensión funambulesca que el papel de Percy requiere –fue escrito para Rubini–, comprendido el Re sobreagudo al final de la cabaletta del segundo acto, y también una homogénea línea de canto. El bajo Mirco Palazzi (Enrique VIII) consiguió dotar al personaje de la autoridad inherente al despótico monarca, con una prestación vocal de óptimo nivel. En el caso de las dos mujeres, Annalisa Stroppa (Seymour) evidenció la posesión de una voz completa en toda la gama, con un agudo de auténtico vigor de soprano y un notable color ambarino en el centro, y la protagonista Elena Mosuc se mostró vocalista excepcional en el tratamiento de los fiati, en el ejemplar uso del legato y en la facilidad con que gestionó las agilidades, con unos fulminantes agudos que fueron acogidos con entusiasmo. A todo ello hay que sumar a la intérprete que, sin traicionar en ningún momento su carácter de soprano lírica, supo encontrar siempre el acento y el ritmo de la palabra cantada para crear una fuerza contagiosa que electrizase al público.  * Andrea MERLI