CRÍTICAS

Opéra National de Paris
Wagner PARSIFAL
Peter Mattei, Günther Groissböck, Andreas Schager, Anja Kampe, Evgeny Nikitin, Reinhard Hagen. Dirección: Philippe Jordan. Dirección de escena: Richard Jones. La Bastille, 23 de mayo de 2018.
 
Richard Jones llevó su particular visión de Parsifal a La Bastille © Opéra National de Paris / Emilie Brouchon
 
Un poco de tiempo será necesario para descifrar convenientemente la puesta en escena de Richard Jones, técnicamente perfecta y con algún hallazgo interesante, pero de semántica algo oscura y aun contradictoria con la tradición; la nota del director de escena que figuraba en el programa de mano fue poco explícita esta vez. La impresionante escenografía de ULTZ no hizo olvidar, antes bien, recordó, la del primer acto del Tristan firmada por Pierre-André Weitz, vista en Angers en mayo de 2009. La atención del público se focalizó, en todo caso, en el foso y en las voces en esta interesante noche lírica.
Philippe Jordan se hizo muy presente y propagó su autoridad también en el escenario; cuidó con gran mimo la obertura y siguió con gran atención cuerdas, maderas y vientos. Se interesó particularmente por el coro en los capítulos que abrieron y cerraron el mágico cuento. Bien preparados, como de costumbre, por José Luis Basso, los coristas ofrecieron una versión majestuosa de la partitura en el primer acto y, sin menoscabo de la situación desesperada en la que se encontraban los caballeros del Grial –aquí una secta de tercera categoría obedeciendo a su fundador (¿Titurel?) y con las reglas fijadas en un libro– brillaron también al cabo de la velada.
Tuvo la producción la gran fortuna de disponer de Günther Groissböck; el bajo ofreció una versión memorable del personaje de Gurnemanz que el director de escena disfrazó aquí de monitor deportivo. Su emisión viril y de amplio espectro relevó las palabras del texto, por supuesto algo arcaicas pero de gran eficacia sonora. Su timbre, sin ser bien reconocible fue elegante, satinado, algo dulzón sin llegar a ser ácido, agradable. No le faltó al artista soplo –ligó frases de longitud considerable sin esfuerzo aparente– ni potencia cuando le era necesario para imponer su buen criterio, ni por supuesto, afinación.
Andreas Schager representó un Parsifal sin escollos en la parte dramática y de muy buen nivel en la vocal; punto fuerte de su actuación fue el diálogo con Kundry (Anja Kampe) al final del segundo acto. Esta vez Richard Jones tuvo el acierto de dejar el inmenso escenario de la Bastille vacío, e iluminar un rectángulo de dimensiones reducidas en el que ordenó evolucionar, sin salirse de él, a los dos protagonistas. La atención de la sala hubo de fijarse entonces únicamente en el canto: ambos cantantes expresaron sus emociones con intensidad y sinceridad; cada uno respetó escrupulosamente el terreno vocal de su pareja, y si la emisión de la soprano dio algún signo de fatiga, no por ello le faltó emoción.
Completó el terceto Evgeny Nikitin en el rol del maligno Klingsor, convertido aquí en un experimentador de tomates biológicos y productor de mazorcas de maíz transformadas en mujeres con pechos de grandes dimensiones. El barítono ruso, aun con una emisión brillante, poco compatible con el papel del mago, dio una lección de canto en su única aparición, que le valió aplausos abundantes al final del acto. Contrastó su timbre con el de Peter Mattei, adusto y seco, ideal para representar el sufrimiento permanente de Amfortas.
Se aplaudió también con justicia a las seis mujeres-flor que tentaron a Parsifal en el jardín de Klingsor, transformado esta vez en patético botanista genético.  * Jaume ESTAPÀ