CRÍTICAS

Festival de Pentecostés
Rossini L’ITALIANA IN ALGERI
Cecilia Bartoli, Peter Kálmán, Edgardo Rocha, Alessandro Corbelli, Rebeca Olvera. Dirección: Jean-Christophe Spinosi. Dirección de escena: Mopshe Leiser y Patrice Caurier. Haus für Musik, 20 de mayo de 2018.
 
Cecilia Bartoli fue la gran estrella de L’Italiana in Algeri en Salzburgo © Festival de Pentecostés / Monika Rittershaus
 
 
Cecilia Bartoli inició su carrera en 1987 con la Rosina del Barbiere di Siviglia de Rossini y desde entonces ha mantenido una muy buena reputación como especialista en dicho compositor, por lo que pudiera parecer incomprensible que hasta ahora no hubiera cantado L’Italiana in Algeri. Lo ha hecho en este año en el que, bajo el epígrafe de “1868”, se conmemora la muerte de Rossini y con una puesta en escena firmada –como siempre en los últimos tiempos– por Moshe Leiser y Patrice Caurier, que optaron por una versión moderna con Mustafà y sus hombres como contrabandistas. Ante el hecho de que la acción es atemporal y no existe una localización prescrita, no había inconveniente en adoptar esa solución, pero los registas aportaron un exceso de ideas y de gags de brocha gorda que al cabo parecieron escasamente divertidos. La descripción de los personajes y de las relaciones entre ellos tampoco pareció muy acertada en esta ocasión. La adecuada escenografía llevaba la firma de Christian Fenouillat y el vestuario, la de Agostino Cavalca.
Tampoco fue la noche del Ensemble Matheus y de su director, Jean-Christophe Spinosi. Todo sonó excesivamente descarnado y frágil, sin brillo y sin tensión. En escena Cecilia Bartoli fue, como es natural, el principal centro de atención: cantó de manera extraordinaria y una brillantez que recordaba más a una soprano. En años anteriores las voces de mezzo como Lucia Valentini-Terrani, Agnes Baltsa, Vesselina Kasarova o Jennifer Larmore –y en tiempos más recientes Silvia Tro Santafé– dieron la impresión de ser más adecuadas para el papel, pero con independencia de ello, la Bartoli tuvo una gran actuación, también como actriz, y obtuvo un gran éxito.
Edgardo Rocha cantó apoyándose en un soporte de timbre metálico y con rutilantes agudos, lo que hizo de él un gran Lindoro, si bien teatralmente su papel fue irrelevante. Alessandro Corbelli aportó su gran experiencia en el estilo rossiniano para hacer un gran Taddeo, mientras sorprendía como Mustafà el bajo húngaro Peter Kálmán, antiguo miembro de la Ópera de Zúrich, que no resultó tan divertido como otros bajos en producciones anteriores pero mostró una voz poderosa y resonante. Teatralmente recordaba más a un ciudadano corriente que al Bey de Argel. El joven bajo boliviano José Coca Loza fue un Haly de primera clase; Rebeca Olvera; una excelente Elvira, y la mezzo italiana Rosa Bove, una buena Zulma. El Coro Philharmonia de Viena cantó bien.
Esta producción pasará al Festival de Verano de Salzburgo con solo un cambio, con el papel de Mustafà confiado a Ildar Abdrazakov.  * Gerhard OTTINGER