CRÍTICAS

Teatro Calderón
Gounod ROMEO Y JULIETA
Katerina Tretyakova, Celso Albelo, Stefano Palatchi, Josep-Ramón Olivé, Beñat Egiarte, Carol García, Gerardo Bullón, Mireia Pintó, David Alegret, Isaac Galán, Andrés Merino, Francisco Crespo, Gabriel Gómez Alejo. Dirección: Alain Guingal. Dirección de escena: Stephen Lawless. 4 de mayo de 2018.
 
Celso Albelo y Katerina Tretyakova, Roméo y Juliette en Valladolid © Teatro Calderón / Gerardo Sanz
 
Muchas cualidades de este Romeo y Julieta se basaron en la labor de los cantantes, de la Sinfónica de Castilla y León y en la dirección de Alain Guingal. El montaje con dirección escénica de Stephen Lawless, en el que las paredes que delimitaban el escenario eran nichos, resultó poco atractivo y el vestuario, a pesar de su colorido, no contribuyó precisamente a realzar la figura de algunos protagonistas. No influyó el cambio histórico por su escaso peso y se recalcó lo más lúgubre, obviando que la música trata los aspectos pasionales desde la luz y el calor mediterráneos. Además de previsible, como resultó la aparición de la estatua de Cupido, en todo caso fue eficaz en los rápidos cambios de escena, evitando parones que lastraran la acción y lo cierto es que no perjudicó de manera determinante a otros aspectos más positivos. El limitado espacio escénico no contribuyó a que resultaran atractivos las diversas coreografías a cargo de solistas y coros, aunque no se incluyó el ballet.
Katerina Tretyakova (Juliette) logró una Julieta inicialmente ingenua y algo frívola, aspectos de su personalidad que consiguió por medio de una coloratura clara y sin fisuras en su inicial arieta. Rápidamente asumió escénica y vocalmente las consecuencias dramáticas de su amor por un Montesco, para lo que se sirvió de una voz de calidad, redonda y sugestiva, lo que propició que abordara los pasajes líricos, los aspectos melancólicos y los más dramáticos encontrando siempre el efecto preciso. Ella y Celso Albelo (Roméo) hicieron de sus dúos momentos de máxima emoción, con un final absolutamente conmovedor. El tenor español abordaba por primera vez el personaje y estuvo especialmente inspirado sobre todo en los tres últimos actos. Antes pareció no acabar de redondear del todo su canto, como quedó patente en Ah! lève-toi, soleil”, pero ello fue irrelevante si se compara con la vehemencia con la que se enfrentó a sus enemigos, su capacidad para los agudos squillanti y las medias voces, que no perdieron ni un ápice de timbre.
Del resto del elenco cabe resaltar la labor de Mireia Pintó, una Gertrude que jugó bien sus bazas; Josep-Ramon Oliver, Mercutio de voz baritonal muy bien proyectada, y una Carol García que cantó un Stéphano versátil con una articulación sin fisuras. Stefano Palatchi hizo de Frère Laurent un convincente personaje, con ciertas oquedades en algunos pasajes. El resto, encabezado por Gerardo Bullón, mantuvo la buena línea general.
La Sinfónica de Castilla y León con Alain Guingal a la cabeza comenzó algo tibia, pero de inmediato se convirtió en el motor de la línea de la melodía y supo dar a la obra una variada atmósfera. En cuanto al Coro Proclasic –de cuya biografía no se daba cuenta en el programa de mano­, dirigido por Sergio Domínguez, cumplió con su cometido con algunos momentos reseñables y otros en los que se notó algún desequilibrio entre sus secciones. Quizá precisó de más efectivos.  * Agustín ACHÚCARRO