CRÍTICAS

Teatro de La Zarzuela
Sorozábal  LA TABERNERA DEL PUERTO
Marina Monzó / Sabina Puértolas, Javier Franco / Àngel Òdena, Alejandro del Cerro / Antonio Gandía, Rubén Amoretti. Dirección: Josep Caballé-Domènech. Dirección de escena: Mario Gas.  6 y 10 de mayo.
 
Mario Gas se encargó de la puesta en escena de La tabernera del puerto en La Zarzuela © Teatro de La Zarzuela / Javier del Real 
 
En el enrarecido ambiente que campa estos días por el eje que une Arenal y San Jerónimo se estrenó La tabernera del puerto en orden inverso –primero el segundo reparto, después el primero– en las dos únicas funciones –de un total de doce– que no se vieron afectadas por los paros. En ambas representaciones se prologó la velada con la lectura de un aplaudido manifiesto finalizado con el grito: “¡Viva la zarzuela!”. Esta producción iba a ser la apuesta de la temporada y quedó desteñida por la realidad. La producción de Mario Gas era modélica, sin ambiciones de protagonismo. El sobrio despliegue escénico –de Ezio Frigerio– apostaba por la altura antes que por la movilidad: construcciones de piedra oscura que se perdían por la parte superior del escenario y que convocaban con sencillez arquitecturas de otros tiempos y pretéritas dinámicas sociales. En aquel entorno los hechos tienen sentido sin necesidad de actualizar discursos. Los cambios escénicos –como el naufragio del tercer acto– se resolvieron sin aspavientos y con un uso modélico de los (pocos) recursos escénicos de La Zarzuela.
El segundo elenco, pues, protagonizó este estreno. Marina Monzó dio vida a una Marola un tanto carente de destreza a nivel escénico, sobre todo en las partes habladas, pero brilló a nivel vocal demostrando claridad en la emisión y elegancia, así como una técnica más que loable. Alejandro del Cerro fue un enfático Leandro que imprimió soltura vocal y un sonido redondo, dando su mayor entrega en la famosa romanza “No puede ser”. Destacó Javier Franco, mostrando gran expresividad canora e interpretativa en el rol de Juan de Eguía. Aportó calidez vocal y presencia Rubén Amoretti como Simpson, en sustitución de David Sánchez. Sobresaliente la interpretación actoral y canora de Ruth González como Abel, así como las interpretaciones cómicas de Vicky Peña y Pep Molina.
En el inicialmente concebido como primer reparto se encargaba de Juan de Eguía Àngel Òdena, con su habitual rotundidad de emisión e indudable presencia. Su papel, el de un hombre que se construye a base de mentiras hasta que colapsan todas a una, requiere más empuje que finura y se acercó a él con algunos desequilibrios y toda la intensidad que se le precisaba. Por su parte Sabina Puertolas dibujó una Marola con más dificultades en el registro medio-grave de las previstas pero con mucha línea y sentido del fraseo. Es complicado realizar un fresco convincente de un personaje que vive anclado en otro tipo de sociedad. No caer en la tentación de actualizar ese perfil a uno más contemporáneo y combativo es arriesgarse a no conectar con el público; lo contrario es perder tensión dramática. Marola quedó en mitad de esa lucha entre la fuerza y la fragilidad, sin un dibujo convincente. Los mejores de la noche fueron Antonio Gandía y Ruth González. El resto del reparto mantuvo un alto nivel, destacando el Simpson de Amoretti, la estupenda Antigua de Peña y el modélico coro.
La dirección de Josep Caballé-Doménech habló de lo que tenía que hablar sin llegar a deslumbrar en ningún momento. La música de Sorozábal suele crecer en el seno orquestal a medida que pasan las funciones y se asienta su juego de equilibrios. Un mayor recorrido de la obra hubiera dado una lectura más entusiasta de esta partitura.  * Isabel IMAZ / Mario MUÑOZ