CRÍTICAS

 Teatre Principal
Massenet  WERTHER
José Bros, Monica Bacelli, Joan Martín-Royo, Irene Mas, Jorge Tello, Tomeu Bibiloni, Mikeldi Atxalandabaso. Dirección: Cristóbal Soler. Dirección de escena: Graham Vick. 9 de mayo de 2018.
 
José Bros dio vida a Werther en el estreno de la obra en Palma de Mallorca © Teatre Principal / Elena Rotger
 
Llegaba por primera vez en la historia al coliseo mallorquín esta gran obra de Massenet y lo hizo precedida de grandes expectativas generadas por la participación del regista Graham Vick e, inicialmente, de los cantantes Giuseppe Filianoti y Lorena Valero; tras diversas cancelaciones los protagonistas fueron finalmente José Bros y Monica Bacelli. Con muchos elementos para ser una gran función, la realidad fue que la velada no alcanzó en ningún momento la excelencia. Bros, que tan grandes momentos ha ofrecido en este escenario y que de unos años acá se ha hecho con el personaje, ofreció unas buenas escenas de gran expresión psicológica del rol en la zona media, pero acusó un cierto cansancio en la zona aguda; su “Pourquoi me réveiller” fue uno de los mejores momentos de la noche. Bacelli ofreció una buena interpretación de Charlotte, aunque una inconveniente proyección no le permite conectar del todo con el público.
Joan Martín-Royo fue un Albert consistente, de excelencia vocal y eficacia escénica. La suave y chispeante Sophie fue muy bien defendida por Irene Mas, una consistente joven promesa a la que habrá que seguir. Del resto del reparto cabe destacar por su profesionalidad a Tomeu Bibiloni y Mikeldi Atxalandabaso como la pareja de bon-vivants Johann y Schmidt, así como un eficiente Jorge Tello como Le Bailli. Mención especial para el grupo de niños que tanta importancia simbólica tienen en esta ópera.
La orquesta se mostró muy profesional, como siempre, aunque la batuta de Cristóbal Soler olvidó en demasiadas ocasiones esa característica especial de la música de Massenet que es el intraducible término de nuances y que el autor tanto subraya en la repetición de temas que necesitan una mayor atención a la dinámica teatral de una obra de tan alto nivel pasional.
La propuesta de Vick –paradójico por el desarrollo de la ópera– es divertida, luminosa y con mucho movimiento en escena; situar la acción en los años cincuenta del siglo pasado no afecta casi en nada a los avatares de la desgraciada pareja. Otra cosa es el cambio que se provoca en el último acto, convertido en una conversación entre Charlottte y el fantasma de Werther; original, desde luego, pero, ¿fiel al espíritu de Massenet? Como poco muy dudoso. ¿Coherente con el texto que se canta? En ningún caso. Afortunadamente la música del gran Jules Massenet prevalece siempre y nunca decepciona.  * Pere BUJOSA