CRÍTICAS

Teatro Real
Zimmermann  DIE SOLDATEN
Pavel Daniluk, Susanne Elmark, Julia Riley, Hanna Schwarz, Leigh Melrose, Iris Vermillion,
Reinhard Mayr, Uwe Stickert, Nicky Spence, Germán Olvera. Dirección: Pablo Heras-Casado. Codirector: Vladimir Junyent. Dirección de escena: Calixto Bieito.  16 de mayo de 2018.
 
Susanne Elmark protagonizó Die Soldaten en Madrid © Teatro Real / Javier del Real 
 
Por fin se estrenó en el Teatro Real la obra maestra –y la única ópera– de Zimmermann, compositor alemán de mediados del siglo pasado, temperamento atormentado, tanto como Jakob Lenz, el escritor del siglo XVIII en cuya obra del mismo título está basada la recreación musical moderna. Los soldados fue revolucionaria en su día por la tensión a la que sometía los hechos relatados. Zimmermann llevó aún más lejos el planteamiento y destrozó cualquier convención narrativa para contar la desgraciada historia de Marie, utilizada como un objeto por la soldadesca y otros varones con los que se cruza. La violencia desencadenada en el escenario –con orgías, violaciones, asesinatos...– encuentra su mejor expresión en la extrema violencia formal y musical. Ecléctico como era, el músico va insertando en un continuo dodecafónico de gran sutileza toda clase de citas, desde Bach y Mozart a algunos compases de jazz, además de utilizar música grabada. Así es como la realidad estalla ante el espectador, sobrecogido por la libertad y la energía de una música que requiere una orquesta de más de cien músicos, entre ellos casi veinte percusionistas.
El excepcional volumen sonoro no perjudica a las voces, y Pablo Heras-Casado, con la solvente asistencia de Vladimir Junyent dirigiendo en la sala, mantuvo una tensión extraordinaria hasta el final explosivo, insoportable. La Orquesta, con los maestros vestidos con uniformes de camuflaje, estuvo en estado de gracia.
La escritura vocal es tan exigente como la de la orquesta y requiere solistas avezados y de técnica excelente. Fabulosa en el papel de Marie Susanne Elmark, soprano lírica que mantuvo una línea de canto limpia y con capacidad de subir muy arriba. Iris Vermillion desplegó su sensibilidad en algunas intervenciones difíciles, muy exigentes con la coloratura. Leigh Melrose compuso un Stolzius digno y patético y Pavel Daniluk y Reinhard Mayr ejercieron con maestría de malvados. Muy notable la aparición de la gran Anna Schwarz en el triste papel de la abuela. Excelentes todos los demás.
Calixto Bieito tuvo el acierto de poner la orquesta en el escenario, en una complicada plataforma tubular, pero se olvidó del espectador. Fue una función semiescenificada, más truculenta y guiñolesca que dramática y, sobre todo, incomprensible para quien no conociera previamente la obra. Así que los claros en el público aumentaron tras el entreacto. Una pena, en particular por el enorme esfuerzo desplegado. Los que se quedaron, eso sí, aplaudieron con entusiasmo.  * José María MARCO